Cada agosto se repite la misma escena en los huertos: miras orgulloso tus tomateras cargadas de fruto verde y, de un día para otro, las hojas se llenan de manchas, la parte de abajo de los tomates se pone marrón y media cosecha acaba en el compost.
Lo frustrante es que el culpable no suele ser el tiempo ni la tierra. Muchas veces el error empieza con un gesto que parece de lo más sensato: salir al huerto al caer la tarde y regar las plantas con la manguera cuando por fin tienes un rato.
Por qué regar de noche es un problema
El tomate no soporta la hoja mojada, y menos aún si permanece húmeda toda la noche. Durante el día, el sol y el viento secan el follaje rápidamente, pero al anochecer el aire se enfría, la humedad sube y las gotas se quedan horas sobre las hojas.
Ese es exactamente el ambiente en el que prosperan los hongos, entre ellos el gran enemigo del tomate: el mildiu (tizón tardío).
Mucha gente riega de noche pensando que así protege la planta, porque el sol no quema las hojas mojadas. Pero el problema no es el calor del día, sino la humedad nocturna. Por la mañana, en cuanto sale el sol, las hojas se secan en pocas horas y los patógenos no tienen ocasión de instalarse.
El tomate rajado también nace aquí
La otra consecuencia visible del riego nocturno son los tomates agrietados.
Si la planta pasa sed durante el día y de golpe recibe mucha agua por la noche, la raíz absorbe rápidamente una gran cantidad, el interior del fruto se hincha más deprisa de lo que la piel puede estirarse, y se raja.
Es especialmente llamativo en las variedades de racimo y de fruto grande, pero tampoco perdona a los tomates cherry.
La solución no es regar menos, sino regar de forma constante. La planta no necesita un golpe repentino de agua, sino una humedad estable y continua en la zona de las raíces.
Cuándo conviene regar de verdad
El mejor momento es a primera hora de la mañana, justo antes o después del amanecer. A esa hora la tierra está fresca, el agua no se evapora al instante, las raíces la absorben con calma y, cuando el aire se calienta, el follaje ya está seco.
Si por la mañana no puedes, el final de la mañana también sirve. Lo que conviene evitar es el riego de última hora de la tarde o de la noche, salvo que el calor sea extremo y veas que la planta se marchita de forma evidente.
Riega la raíz, no la hoja
En el tomate no importa cuánta agua reciba el follaje, sino cuánta llega a la zona radicular. Lo ideal es aplicar el agua cerca de la base, con la manguera baja o con un sistema de goteo, en lugar de rociar desde arriba.
Si puedes, una simple cinta de goteo o incluso una botella de plástico agujereada enterrada junto a la mata mejora mucho las cosas: el agua se filtra despacio y en profundidad, y la hoja se mantiene seca.
El acolchado que marca la diferencia
Una buena capa de paja o de restos de siega alrededor de las matas no solo facilita el desherbado, sino que también retiene mejor la humedad del suelo. Riegas menos veces, el agua está disponible de forma más uniforme, el fruto se raja menos y la temperatura de la tierra se mantiene más estable entre los días calurosos y las noches frescas.
Cuánto y con qué frecuencia
Merece la pena regar menos a menudo, pero a fondo, en lugar de un poco cada día. El riego superficial y frecuente hace que las raíces se queden en la superficie, lo que vuelve a la planta más sensible a la sequía.
Si empapas bien la tierra dos o tres veces por semana, las raíces bajan en profundidad, la planta se hace más resistente y el fruto se desarrolla de forma más equilibrada.
¿Es mejor regar los tomates por la mañana o por la noche?
Por la mañana temprano. Así las hojas se secan pronto con el sol, las raíces absorben el agua con calma y se evita la humedad nocturna que favorece los hongos.
¿Por qué se agrietan mis tomates?
Suele deberse a un riego irregular: la planta pasa sed y luego recibe mucha agua de golpe. El interior del fruto se hincha más rápido de lo que la piel puede estirarse y acaba rajándose.
¿Cada cuánto hay que regar las tomateras?
Es mejor regar dos o tres veces por semana, pero empapando bien la tierra, que un poco todos los días. Así las raíces crecen en profundidad y la planta resiste mejor la sequía.
¿Sirve de algo poner acolchado alrededor del tomate?
Sí. Una capa de paja o restos de siega retiene la humedad, reduce la frecuencia de riego, ayuda a evitar que el fruto se raje y estabiliza la temperatura del suelo.











