Mide asistencia, no resultados
En otoño los resultados tardan y desmotivan; la asistencia se ve enseguida. Marca en un calendario los días que has aparecido, sin juzgar la calidad. Al cabo de tres semanas, mira el conjunto y hazte tres preguntas honestas: ¿el horario elegido era realista?, ¿me falló el momento o la ganas?, ¿hay una versión más pequeña que sí encaje? Ajustar el plan no es fracasar; es hacer ingeniería con la información que tienes. La mayoría de propósitos no mueren por falta de voluntad, mueren por estar colocados en la peor franja del día.
¿Cuánto tarda una costumbre nueva en salir sola?
Depende mucho de la persona y de lo compleja que sea la acción: no es lo mismo beber un vaso de agua al levantarse que preparar una comida completa cada domingo. Lo razonable es dar al menos varias semanas seguidas antes de decidir si funciona, y evaluar por regularidad más que por sensación, porque la sensación de "me sale solo" llega bastante después que la constancia real.
¿Qué hago si llevo dos semanas seguidas sin cumplirlo?
Antes de cambiar de propósito, cambia el contexto: prueba otra franja horaria, reduce la duración a la mitad y quítale requisitos (ropa concreta, desplazamiento, material que hay que buscar). Si aun así no encaja después de ese ajuste, quizá no era el cambio prioritario de este otoño, y devolverlo a la lista de espera es una decisión inteligente, no un abandono.









