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Si amo mi cuerpo, mi hija también lo hará. Así influye mi positividad corporal en mi hija

Farkas Izabella4 min de lectura
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Si amo mi cuerpo, mi hija también lo hará. Así influye mi positividad corporal en mi hija — Estilo de vida
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¿Alguna vez has pensado en los mensajes que, sin darte cuenta, transmites a tu hijo sobre cómo valoras tu cuerpo? El paso del tiempo y el ritmo acelerado de la vida se reflejan en mi cuerpo, y eso ha afectado mi confianza. Pero este verano decidí amar mi cuerpo, no solo por mí, sino también por mi hija.

La positividad corporal es un movimiento que celebra la satisfacción y el amor por nuestro cuerpo, sin importar su forma, tamaño, edad o cualquier otra característica. Esta actitud es especialmente valiosa para quienes no encajan en los ideales irreales que vemos en los medios y buscan encontrar paz consigo mismos.

Aceptar y practicar la positividad corporal trae muchos beneficios, que no solo mejoran la autoestima individual, sino también las relaciones familiares. Los niños captan y adoptan fácilmente los valores y actitudes que sus padres expresan y reflejan con su comportamiento.

La positividad corporal en acción: el verano como desafío y oportunidad

Los meses calurosos de verano a menudo nos invitan a mostrar más piel de la que nos gustaría, especialmente si no estamos completamente cómodos con nuestro cuerpo. Pero el verano es una gran oportunidad para practicar la positividad corporal y transformar nuestra autoimagen.

Lo que vestimos no es solo una elección personal, sino un mensaje que enviamos a nuestro entorno.

Muchos piensan que la positividad corporal es solo una frase de moda para usar cuando nos conviene. En realidad, es un trabajo constante que puede presentar retos incluso durante unas vacaciones relajantes. Más allá de la ropa, nuestras costumbres respecto al cuerpo cuentan mucho. ¿Cómo nos miramos al espejo? ¿Qué pensamientos asociamos con nuestra imagen reflejada?

Nunca le digo cosas como “No voy a comer más porque engordo” o “Mira mi trasero que está caído”, sino que le muestro que la comida es un placer y que el cuerpo es maravilloso tal como es.

No me quejo frente al espejo por mi barriga, no me obsesiono con los pequeños rollitos, y nunca critico a las modelos o a las personas con curvas en la televisión.

En cambio, me visto con una sonrisa, disfruto el movimiento y reconozco cuando mi cuerpo necesita descanso. Así, mi hija aprende que su cuerpo no es objeto de crítica, sino un compañero digno de amor y respeto que debemos valorar y querer.

El ejemplo de los padres

Mi hija, que está formando su identidad y autoestima, necesita ver ejemplos positivos a su alrededor. Cada día es una nueva oportunidad para aprender y crecer, y su mente está abierta como una esponja.

Por eso quiero transmitir de forma adecuada el mensaje de positividad corporal y amor propio, porque mi objetivo es que no sea tan dura con su cuerpo como lo somos nosotros con la nuestra.

Dar ejemplo no solo significa sentirnos bien en nuestro cuerpo, sino también mostrar cómo lograrlo. Es fundamental que mi hija vea la belleza en su diversidad y entienda que hay muchas maneras de alcanzar la realización personal. La confianza y el amor propio son los mejores regalos que puedo darle.

El impacto de los medios y la sociedad

No solo la familia, sino también la sociedad en general influye mucho en cómo vemos nuestro cuerpo. Los ideales que promueven los medios suelen ser inalcanzables y distorsionados, afectando seriamente la autoestima. Los niños también perciben este impacto, y a menudo son más sensibles de lo que pensamos. Por eso es clave que la familia sea un espacio seguro donde se transmitan otros valores.

En la práctica, enseñar positividad corporal implica mostrar que las imágenes idealizadas en los medios no reflejan toda la realidad. Vale la pena hablar sobre cómo se crean estas imágenes y por qué no debemos juzgar a otros —ni a nosotros mismos— basándonos en ellas.

La positividad corporal y el amor propio son metas a largo plazo que requieren práctica diaria. Cuando aceptamos que merecemos amor tal como somos, la vida se vuelve más sencilla en todos los aspectos, especialmente si podemos transmitir ese amor a nuestros hijos. No existe la perfección —ni en el cuerpo ni en el estilo de vida—, pero lo importante es aceptar nuestras limitaciones y celebrar nuestras fortalezas.

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