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¿Solo a mí me pica la palma cuando alguien dice "no me interesa la política"?

Schuster Borka3 min de lectura
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¿Solo a mí me pica la palma cuando alguien dice "no me interesa la política"? — Ocio

La democracia no es un sistema donde solo marcamos una papeleta cada cuatro años y luego nos reclinamos, renunciando a toda participación. Vivir en democracia es tanto un derecho como una responsabilidad. Y, para mí, sobre todo una responsabilidad.

La carga de la libertad es real. Es pesada, incómoda y a veces agotadora. Significa involucrarnos en lo que nos afecta a todos, lo que a menudo requiere debate, aprendizaje y valentía para enfrentar la realidad. Pero no podemos escondernos. Porque la política, contrario a lo que muchos creen, no es escupirnos unos a otros ni enumerar errores ajenos. La política es buscar soluciones. Formar opiniones. Es decidir juntos hacia dónde queremos que vaya nuestro país, nuestra sociedad, nuestra vida.

Cuando alguien dice “no me interesa la política”, quizás sin saberlo, está diciendo: no me importa cuánto ganan las enfermeras, en qué condiciones trabajan los profesores, o quién tiene acceso oportuno a la atención médica.

No le interesa cómo evolucionan las leyes de protección infantil, quién recibe apoyo familiar, o si hay fondos suficientes para personas con discapacidad. No le importa si se garantiza la libre circulación de información, si existe prensa independiente o si los gobernantes son fiscalizados. Pero estas no son “temas políticos”, son la base de nuestra vida diaria. La escuela de nuestros hijos, el precio del pan o si hay lugar en el quirófano cuando hay una emergencia, todo eso es política en acción.

Quien dice que no le interesa la política, en realidad dice: no le importa el destino de los niños en orfanatos ni si reciben ayuda quienes huyen de la violencia de pareja.

No le importa si los hospitales tienen los equipos necesarios para cirugías que salvan vidas. No le importa quién puede expresar su opinión y quién es silenciado. Eso no es neutralidad. No es calma. Es irresponsabilidad, insensibilidad y una indiferencia que indigna.

Personas a las que no les interesa la política

La indiferencia no es superioridad moral

No es señal de claridad, sino de dar la espalda. Y claro, es más fácil mantenerse al margen con el dedo pequeño levantado, diciendo elegantemente “me da igual quién esté en el poder, nada cambia”. Pero esa actitud es la que permite que nada cambie. Que siempre otros tomen las decisiones y que siempre culpemos a otros. La democracia no funciona con ciudadanos pasivos. La democracia exige colaboración, atención y participación.

Y sí, todo esto cansa mucho. A veces parece desesperanzador. Pero cuando alguien dice “no me interesa la política”, no se retira del sistema, solo renuncia a participar.

Las decisiones de otros también le afectarán. Porque al final, la política no es sobre ellos, es sobre nosotros. Y si queremos un mundo mejor, no podemos quedarnos callados ni afuera. Si no decidimos nosotros, decidirán por nosotros. Y entonces podremos lamentar esa responsabilidad que tantos ahora quieren evitar.

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