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Soy una empresaria en Hungría: por qué seguimos por detrás de la media europea

Schuster Borka4 min de lectura
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Soy una empresaria en Hungría: por qué seguimos por detrás de la media europea — Estilo de vida

Llevo más de 15 años trabajando como empresaria, prácticamente toda mi vida adulta. Este camino me ha dado muchas alegrías y también varios desafíos, especialmente siendo mujer en Hungría.

En los últimos años se ha notado un cambio: la proporción de mujeres empresarias ha aumentado, y según un informe, ya existen más de 1.000 empresas con facturación millonaria y liderazgo femenino. Es una gran noticia: muestra que cada vez más mujeres se animan a emprender y que es posible dirigir grandes empresas siendo mujer. Sin embargo, sigue habiendo menos empresarias que el promedio europeo, y muchas barreras estructurales y culturales dificultan nuestro camino.

Emprender como mujer en Hungría – según mi experiencia – suele ser atractivo principalmente por la flexibilidad laboral: permite adaptarse a la crianza y al cuidado familiar. Esa flexibilidad es una motivación clave para muchas. Pero también implica que el negocio de muchas mujeres funciona más como un ingreso extra: suelen emprender cuando su pareja sostiene económicamente al hogar, mientras ellas gestionan la casa y buscan un complemento económico. No es un modelo negativo, y para muchas funciona muy bien, pero también impone límites.

Joven empresaria apoyada en un escritorio usando laptop en oficina con ropa y paquetes listos al fondo

Estas limitaciones se hacen más evidentes cuando las regulaciones estatales o las expectativas sociales no ayudan, sino que complican la situación. Por ejemplo, las empresarias con ingresos bajos —que eligieron esta forma de trabajo por la flexibilidad— se vieron especialmente afectadas con la eliminación del KATA, y muchas mujeres que trabajaban cuidando a sus hijos estaban en esta categoría.

Además, las bajas por enfermedad o las prestaciones por cuidado infantil (CSED, GYED) no son favorables para quienes no tienen un salario fijo registrado o trabajan como empresarias.

No se puede tomar licencia sin perder ingresos cuando un hijo está de vacaciones escolares, y muchas veces la responsabilidad recae en la madre.

Esto también es un problema en el mercado laboral tradicional: desde el punto de vista económico, un empleador entiende que prefiere no contratar a una madre con hijos pequeños porque sabe que tendrá ausencias por enfermedades infantiles. El problema es que se da por hecho que la madre se queda en casa con esos niños enfermos en lugar del padre, lo que dificulta aún más la situación tanto para madres empleadas como para empresarias.

El “techo de cristal” y el hecho de que ciertos trabajos o tareas se asignen a quienes tienen relaciones “amigables” tampoco favorecen a las mujeres. Personalmente, he rechazado trabajos porque me sentí incómoda con un cliente hombre que insistía demasiado en reuniones presenciales o llamadas largas para aclarar cosas que podrían resolverse con un mensaje rápido. Sentí que no bastaba con hacer bien mi trabajo, sino que él quería algo más, lo que generó situaciones incómodas y terminé dejando el proyecto, con la pérdida económica que eso implicó. Imagino que muchas empresarias enfrentan situaciones similares, mientras que los hombres no suelen pasar por lo mismo.

A pesar de todo, soy feliz de haber elegido este estilo de vida y hoy no querría hacer otra cosa. Trabajar como empresaria me ha dado mucho, especialmente al poder equilibrar mi libertad, mi familia y mi trabajo. Creo que si más mujeres se animan a emprender, el mercado y las mentalidades cambiarán.

Por eso animo a todas las mujeres: si tienes una buena idea o una habilidad que puedas monetizar, ¡no dudes en lanzarte! Las mujeres también tenemos un lugar y un rol en este ámbito. Cuantas más seamos, más cambiará el sistema, porque tendrá que adaptarse a nosotras si no damos un paso atrás.

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