Una verdura humilde y algo clásica, que para muchos aún evoca la comida de la escuela o el "menú obligatorio" de las fiestas, pero la col es mucho más que eso. Dejando atrás los prejuicios, descubrirás que es uno de los ingredientes más emocionantes y versátiles que merece un lugar en tu nevera o despensa.
¿Por qué vale la pena redescubrirla?
La col es un verdadero superalimento. Está repleta de vitaminas C y K, ácido fólico, antioxidantes y fibra, y además es baja en calorías. Puede facilitar la digestión, fortalecer el sistema inmunológico y, en su forma fermentada, cuidar la flora intestinal. Además, es económica, disponible todo el año y se conserva por mucho tiempo —una combinación rara hoy en día.
Aunque ha quedado en segundo plano
Por eso es especialmente interesante que en muchos países la col reciba cada vez menos atención. Según The Guardian, en Reino Unido el consumo de col ha caído alrededor de un 80% en los últimos cincuenta años. Este medio también señala que no es solo un tema nutricional: un ingrediente muy versátil, sostenible y creativo está desapareciendo de la cocina diaria.
En Hungría, aunque la col ha tenido un lugar fuerte en la cocina tradicional —piensa en el chucrut, el repollo relleno o la pasta con col—, hoy en muchas familias se considera más bien un plato festivo o “de la abuela” que un ingrediente moderno para el día a día.
Cruda, puede ser súper refrescante
La col cruda también puede sorprender por su frescura. Cortada fina o rallada, es la base perfecta para ensaladas crujientes y frescas. Más allá del clásico coleslaw, prueba una ensalada picante con inspiración asiática con aceite de sésamo, jengibre, zanahoria o cebolla morada —ligera pero con mucho carácter, ideal como acompañante o plato principal.
Si la cocinas, no la sobrecocines
Uno de los errores más comunes al preparar platos con col es cocerla demasiado. Sin embargo, un blanqueado rápido, un salteado veloz o una cocción suave al vapor revelan otra faceta. Así puede formar parte de sopas, guisos o verduras salteadas en sartén. Con un buen toque de especias, hasta la sopa de col más sencilla se convierte en un plato reconfortante.
¿Qué hacer con las sobras?
Seguro te ha pasado: usas medio repollo para una receta y la otra mitad se queda días en la nevera. Aquí entran platos que son perfectos para aprovechar sobras. Por ejemplo, el okonomiyaki japonés —una tortilla de col con huevo, poca harina y una salsa agridulce— es una cena rápida y deliciosa que ayuda a evitar el desperdicio de comida.
Salteada, a la parrilla o "quemada"
Una de las tendencias vegetales más fuertes en los últimos años es la col salteada o a la parrilla a alta temperatura. Las hojas del repollo punta (hispi) se caramelizan en sartén o parrilla, adquiriendo un toque ahumado y una dimensión completamente nueva. Con una salsa de yogur, limón o miso, el plato puede alcanzar un nivel casi gourmet.
Fermentada: no es solo una moda
La col fermentada —ya sea chucrut o kimchi— está viviendo un renacer merecido. La fermentación genera bacterias beneficiosas que apoyan la digestión y el sistema inmunológico. Si no tienes paciencia para la fermentación larga, hay versiones rápidas que ofrecen ese sabor fresco y ácido tan característico.
Col y pasta: un clásico renovado
En Hungría, la combinación de col y pasta no es nueva: la pasta con col es un plato básico de nuestra infancia. Por eso es emocionante darle un giro moderno a este clásico.
Si en lugar de cocer la col hasta deshacerse, la salteas suavemente, caramelizas y la acompañas con hierbas frescas o un toque de chile, obtienes un plato más moderno y ligero.
Además de la pasta corta tradicional, funciona bien con otras variedades integrales o sin huevo. También sorprende con fideos asiáticos, como los de arroz o cristal. Es un plato que combina nostalgia y modernidad a la vez.
Vale la pena incluirla más a menudo
La col no es aburrida ni anticuada, y definitivamente no es solo un acompañante o encurtido. Si la miramos con otros ojos, es un ingrediente asequible, saludable y súper creativo que encaja perfecto en una cocina moderna y consciente. Es hora de darle más espacio, no por nostalgia, sino porque realmente lo merece.











