Los padres siempre tienen algo que opinar sobre la pareja de sus hijos. Pero hay primeras impresiones que van mucho más allá del simple juicio paterno. Estas historias reales lo demuestran: algunas dan risa, otras dan miedo y unas pocas dejan sin palabras.
El conductor irresponsable
El chico me cayó bastante bien... hasta que empezó a contar, entre risas, que unos años atrás había llegado a casa tan borracho que chocó contra algo y recorrió los últimos dos kilómetros con la llanta destrozada, sobre el aro pelado. Él se reía. Yo le dije a mi hija que jamás se subiera a un coche con ese tipo.
El «cumplido»
La chica arrancó la conversación así: «¡Se nota que Patricio heredó el pelo de su mamá! A mí nunca me gustaron los pelirrojos porque odio las pecas, pero él es tan mono...» Gracias por el cumplido, supongo.
La bofetada
Después de una presentación tensa y breve, el chico abrió la puerta del coche para mi hija. El caballeroso gesto duró exactamente dos segundos: en cuanto ella empezó a subirse, le dio una palmada fuerte en el trasero. Mi mano reaccionó sola y le devolví una colleja bien merecida. Le ordené a mi hija que se bajara del coche y no volvimos a ver a ese energúmeno. ¿Cómo se le ocurre?
Modales en la mesa
Una vez mi hija trajo a casa a un chico que no sabía usar el cuchillo y el tenedor. Punto y aparte.
La mal perdedora
La chica se sentó con nosotros a jugar a un juego de mesa. Cuando empezó a perder, volcó el tablero de golpe —las cartas y las fichas salieron volando por toda la habitación— y se fue corriendo con cara de pocos amigos. Nos quedamos boquiabiertos y luego nos echamos a reír. Mi hijo no fue tras ella y nunca más la buscó.
Sin inhibiciones
Mi hijo trajo a casa a su primera novia. Era guapa, así que sentí ese orgullo paterno que te llena el pecho. Se sentaron en el salón a charlar y yo salí tres minutos a la cocina a prepararles una limonada. Cuando volví, casi se me caen los vasos: estaban teniendo sexo en el sofá, ella completamente desnuda. Les pedí que pararan porque mi mujer estaba a punto de llegar del trabajo y se iba a enfadar.
La cantante incansable
La primera novia de mi hijo estuvo cantando la canción de Frozen toda la tarde sin parar. Vi en la cara de mi hijo que ya le estaba afectando. Cabe añadir que ambos tienen cinco años.
El historiador confundido
El chico nos contó, completamente en serio, que su hermano mayor había combatido en la Segunda Guerra Mundial. Cuando le pregunté cuántos años tenía su hermano, dijo que 33. Mi marido le preguntó si sabía cuándo había sido la Segunda Guerra Mundial. No lo sabía. Solo dijo: «Hace poco.»
Orgullosa de no trabajar
La chica —23 años, sin estudios— presumió de que ni ella ni su familia habían trabajado jamás, porque «se las apañan» viviendo de distintas ayudas sociales. Le dije a mi hijo que no sabía dónde había encontrado a esa chica, pero que no podía volver a traerla a casa.
El visitante sorpresa
Mi hija de 16 años chateaba con un chico de 17 de otra ciudad. Una noche, ese chico apareció en nuestra puerta sin avisar. Había gastado todo su dinero de bolsillo en billetes de tren y taxi porque su plan era quedarse a vivir en nuestra casa hasta que mi hija terminara el bachillerato y pudieran irse juntos a vivir solos. Le dimos de cenar y esa misma noche lo llevé a la estación, le compré un billete de vuelta y lo puse en el tren para asegurarme de que se fuera a casa.
La ex que sigue en casa
El chico se presentó y, al final de su pequeña introducción, mencionó que su ex novia seguía viviendo con él, pero que no había nada entre ellos... aunque a veces, cuando ella llegaba borracha, se le echaba encima. Mi sonrisa se tensó un poco.
Necesito un intérprete
La chica tenía un acento regional tan cerrado que no entendía ni una palabra de lo que decía. Le pedí a mi hijo que me tradujera, y él respondió: «Yo tampoco la entiendo, pero ¿a que es monísima?»
El rapero
Me considero una persona bastante abierta de mente, pero cuando vi al nuevo novio de mi hija casi me pongo a llorar. Rastas rubias, pantalones caídos estilo rapero, la cara llena de piercings. Cuando le pregunté a qué se dedicaba, me dijo que era rapero.
La noticia bomba
Mi hijo me presentó a su novia y, de paso, me informó de que estaba embarazada. Pensé que me desmayaba.
La chica gótica
Mi hijo me avisó de que no me sorprendiera porque su nueva novia era «gótica». Me preparé mentalmente para el pelo negro, las uñas oscuras y el maquillaje de muerta viviente. Lo que no esperaba era que la chica llevara un pentagrama —una estrella de Satanás— tatuado en la cara. No soy especialmente religioso, pero eso ya es otro nivel...











