1. Rejuvenece
Créeme, es verdad lo que dicen: tener un hijo realmente rejuvenece. No solo el niño, sino el entorno; estoy rodeada de mamás mucho más jóvenes en la guardería, el parque o la ludoteca. Al estar con ellas a diario, su actitud positiva me contagia: tomo las cosas con más ligereza y veo el mundo con una mirada más joven.
2. Confusión
Prepárate para que te confundan con la abuela de tu hijo en cualquier lugar. No te molestes, nadie lo hace a propósito y solo te desgastarás a ti misma. Tuve a mi hija a los 43, ahora ella tiene 17 y yo 60. Cuando mi hija tuvo su primera menstruación, yo llevaba diez años en la menopausia, así es la vida.
3. Volver al pasado
Los cambios hormonales del embarazo y parto trajeron de vuelta algunos recuerdos adolescentes: para mi sorpresa, me salieron granitos en la espalda y hubo momentos en que lloraba por cualquier cosa, aunque creía que esa etapa ya había quedado atrás.

4. Ventajas
Una de las mejores cosas de ser madre tarde es que todos te ofrecen consejos valiosos, y siempre puedo contar con mis amigas para cualquier duda sobre niños. Además, recibimos un montón de ropa y cosas para bebé que ya no usan y nos regalan.
5. Salud
Quiero ver crecer a mi hijo y también a mis nietos, así que eso me motiva a cuidar mejor mi salud. Nunca he comido tan sano como ahora, porque no hay motivación más fuerte que esta.
6. Preguntas
Todos quieren saber cómo llegó el bebé: el dentista, la cajera o quien esté en la fila contigo. ¿Fue natural o por fertilización asistida? ¿Dónde, cuándo, cuánto tiempo, cuántas veces, cuánto costó? A menudo no creen que quedé embarazada naturalmente a los 42 y luego a los 47, pero ya no me molesta.

7. Recuperación
Después de los 40 el cuerpo no se recupera igual que hace veinte años, así que prepárate para que el embarazo, parto y lactancia sean exigentes. Cuando supe que llaman “embarazo geriátrico” a lo que yo viví como un milagro a los 40, me entristecí un poco, pero pronto lo superé.
8. Diferente
No corro detrás de mi hijo tan rápido como las mamás jóvenes. No trepo árboles ni juego fútbol con la misma energía que hace veinte años, y mis rodillas ya no aguantan cuando se sube a mi espalda. Pero soy más madura, tranquila, con más recursos económicos y experiencia de vida para compartir. Es reconfortante pensar que tú también lo vivirás así.
9. Arrepentimientos
Las noches sin dormir, el estrés y la gran responsabilidad de la maternidad a veces me hacen sentir que me derrumbo. A los 40 siento que no soy lo suficientemente joven para esto y entiendo por qué la naturaleza recomienda ser madre en los veinte. No me arrepiento de haber tenido a mi hijo, para nada: él es mi todo. Me arrepiento de no haber conocido antes al hombre con quien valía la pena ser madre.
10. No entres en pánico
¡No te asustes! Ser madre después de los 40 es el regalo más grande que la vida puede darte. No creas a nadie —y menos a ti misma— que por tu edad no puedes ser una gran mamá.











