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¿Tiene sentido cubrir la cara de los niños con un emoji?

Schuster Borka3 min de lectura
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¿Tiene sentido cubrir la cara de los niños con un emoji? — Familia

¿Pero realmente es buena idea tapar la cara de los niños con un emoji o solo nos engañamos a nosotros mismos? Si ya estamos publicando sobre ellos, sus detalles, hábitos y logros, ¿no estamos cruzando un límite igual de importante?

La cara de un niño es sin duda un identificador único. Si es reconocible, puede ser un riesgo para su privacidad. Pero, ¿qué pasa con las publicaciones donde no se ve su rostro, pero sí se revela cuándo nació, qué nombre le pusimos, a qué parque va, cómo avanza con la alimentación complementaria, qué le asusta o qué le gusta leer? Cada dato puede parecer inofensivo, pero juntos dibujan una imagen —una vida— sobre la que el protagonista no tiene voz, y quizás no la tenga por mucho tiempo.

La pregunta no es solo si tapamos la cara del niño

La verdadera cuestión es qué consideramos "compartible" en una época donde las experiencias personales se vuelven contenido. ¿Dónde está el límite entre un diario familiar y la búsqueda de seguidores? ¿Hasta cuándo hablamos de nosotros, de la experiencia de ser padres, de nuestras alegrías y retos, y cuándo empieza a tratarse del niño sin que él pueda decidir si quiere eso?

Algunos ven las publicaciones sobre niños como un diario digital: ayudan a procesar el día a día, crean comunidad y apoyan a otros padres. Otros lo ven como un contrato unilateral donde la vida del niño se vuelve pública sin que él tenga voz.

En este contexto, tapar la cara es más un gesto simbólico: muestra que somos conscientes de que hay que poner límites, pero ¿realmente cumplimos con esa necesidad o solo nos cubrimos con el emoji?

Cubrir la cabeza de los niños en fotos
Source: unsplash.com

No siempre basta con cubrir la cara

Tapar la cara es un paso claro y protector que los padres responsables dan en la era digital para cuidar a quienes aún no pueden consentir su presencia online. Pero esa protección puede no ser suficiente. No se trata solo de la cara, sino de la persona detrás. Las historias que compartimos, las palabras que decimos por ellos, la presencia digital que construimos y que ellos heredarán. Aunque no se vea su rostro, quienes lo conocen o lo lleguen a conocer sabrán exactamente de quién se trata.

Nuestros conocidos probablemente también conocen a nuestro hijo, o si no los vemos seguido, seguro saben mucho de él por nuestras redes sociales, solo que no ven su cara. ¿Tiene sentido entonces ocultar la cara y compartir tanto más?

Quizás la pregunta más importante no sea si tapamos la cara con un emoji, sino si estamos listos para aprender junto a ellos sobre este nuevo mundo y la conciencia que requiere. ¿Podemos hablar de ellos respetando su derecho a decidir qué quieren compartir de sí mismos? ¿Podemos respetar si prefieren guardar mucho más que su rostro para sí mismos?

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