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El negocio millonario que vive de hacerte sentir mala madre

Schuster Borka4 min de lectura
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El negocio millonario que vive de hacerte sentir mala madre — Familia

Una de las mayores mentiras que nos han vendido sobre la maternidad es que si de verdad quieres a tus hijos, querrás darlo todo por ellos, sin límites y sin contar lo que cuesta. Y claro que quieres darles lo mejor. Pero la realidad es que nadie puede darlo todo, siempre.

Precisamente sobre eso se construye la industria del "mom guilt", o lo que es lo mismo, la culpa materna. Esa sensación constante de que no eres suficiente. No eres lo bastante paciente, ni lo bastante presente, ni lo bastante creativa, ni lo bastante consciente, ni lo bastante sana, ni lo bastante ocupada… o todo lo contrario.

Hagas lo que hagas, siempre hay un artículo, un influencer o un experto que te dice que podrías hacerlo mejor. Y que, por supuesto, gana mucho dinero con eso.

No es casualidad que hoy en día exista un universo de consumo entero construido alrededor de la maternidad. Consultoras de sueño, juguetes de estimulación temprana, materiales Montessori, cursos de porteo, cajas sensoriales, talleres de alimentación complementaria "correcta", fiambreras perfectas para el cole, programas de detox digital… y una cantidad infinita de contenido online sobre cómo no arruinar a tus hijos.

El mensaje de fondo siempre es el mismo: si fueras buena madre, lo comprarías

El problema no son los productos en sí, ni los profesionales que hay detrás de muchos de ellos. Muchos pueden ser genuinamente útiles en momentos difíciles, y es fantástico que hoy tengamos acceso a mucha más información sobre el desarrollo infantil que la que tuvieron nuestras madres. El problema aparece cuando todo el sistema está diseñado para mantener viva la ansiedad. Cuando una madre ya no compra algo porque lo necesita, sino porque tiene miedo de lo que pasará si no lo hace.

Y seamos honestas: aunque las comunidades online pueden ser un salvavidas cuando necesitas apoyo, también tienen su lado oscuro. Antes, como mucho, era la vecina o tu suegra quien opinaba sobre cómo criabas a tus hijos. Hoy, en cambio, nos asomamos a la vida de cientos de personas cada día. Y esas vidas suelen ser sospechosamente perfectas.

Da igual que sepamos que eso es solo la cara bonita de las redes sociales y que la realidad no funciona así. La realidad es que muchas madres están en modo supervivencia. Intentando trabajar, llevar la casa, no perder la cabeza, estar presentes para sus hijos y, de vez en cuando, dormir algo. Y cuando por la noche, agotadas, abren el móvil, ven que las demás lo hacen mucho mejor. Aunque probablemente solo lo envuelven mejor.

El peligro real de la cultura de la culpa materna

Uno de los aspectos más peligrosos de esta cultura es que convierte decisiones completamente cotidianas en dilemas morales. Leche materna o biberón. Guardería o quedarse en casa. Pantallas sí o pantallas no. Palitos de merluza congelados o tortitas mini en una bento box. Cada elección acaba cargada de un peso ético. Y eso hace que las madres vivan en un estado de alerta permanente, con una culpa que nunca desaparece del todo, esperando alcanzar algún día el nivel de "buena madre".

No te estoy diciendo que no vayas a un taller, que no compres un material o que no pidas ayuda para organizar mejor vuestra rutina. Solo te digo que si tu vida no parece perfecta, no tienes que angustiarte por eso. Pide ayuda donde de verdad sientas que la necesitas, no donde una publicación de Instagram te dice que deberías mejorar.

Porque aunque puede que a veces tenga razón, voy a contarte un secreto: los niños no necesitan una madre perfecta, sino una madre suficientemente buena. Una que a veces está cansada. A veces pierde la paciencia. A veces pide pizza para cenar. A veces no tiene ganas de hacer manualidades con rollos de papel higiénico.

Sé que es fácil escribirlo y mucho más difícil vivirlo. Porque la culpa muchas veces nace desde dentro. La mayoría de las madres quieren hacerlo bien de verdad. Y precisamente por eso es tan fácil construir toda una industria sobre ellas.

El negocio del mom guilt no vende productos en realidad. Vende alivio. La promesa de que si sigues este método, lees este libro o compras este curso, quizás durante un momento dejarás de tener miedo a estar haciéndolo mal.

Pero equivocarse es completamente normal. Y seamos sinceras: lo más valioso que podemos enseñarle a nuestros hijos es que no tienen que ser perfectos ni vivir bajo una presión constante. Quizás, en lugar de comprar el vigésimo libro que promete tenerlo todo claro, podemos intentar darles ejemplo aceptando que hacemos más por ellos siendo honestas con nuestros límites.

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