A principios de verano tu terraza era una nube de perfume, pero al final de la temporada la lavanda se ha convertido en un triste manojo de tallos grisáceos y resecos. La mayoría de la gente la tira directamente a la basura.
Y ahí está el error: la lavanda es mucho más resistente de lo que aparenta ahora mismo, y con un truco muy sencillo y casi gratuito puedes convertirla de nuevo en un arbusto denso y florido.
Por qué se seca la lavanda en maceta
La lavanda es originaria de las laderas pedregosas y soleadas del Mediterráneo, donde el agua se filtra rápidamente por el suelo. En maceta, sin embargo, suele recibir justo lo contrario: una tierra densa que retiene el agua y se mantiene húmeda de forma constante a su alrededor.
Cuando esto ocurre, la raíz se asfixia y la planta, estresada, empieza a ponerse marrón y a secarse, aunque por lo demás reciba suficiente luz solar.
La otra causa habitual es una poda descuidada. Si no cortamos la lavanda durante años, la base de los tallos se va lignificando cada vez más y los brotes nuevos solo aparecen en la parte superior. A partir de ahí, solo hay un paso para que todo el arbusto parezca pelado y sin vida.
El truco de céntimos: agua de riego con bicarbonato
Los jardineros conocen desde hace tiempo un método muy simple para imitar en casa, incluso en la terraza, el suelo ligeramente alcalino que tanto le gusta a la lavanda.
En un litro de agua templada, disuelve una pizca de bicarbonato de sodio y riega con ella la tierra de la maceta, aproximadamente una vez cada tres semanas. El bicarbonato eleva ligeramente el pH del suelo, acercándolo al entorno que la lavanda tiene de forma natural.
Es importante regar la tierra, no las hojas, y nunca usar mucho más de lo recomendado, porque una cantidad excesiva perjudica más de lo que ayuda.
Este método no es milagroso, pero en muchas plantas de lavanda resecas y lignificadas reanima visiblemente el ejemplar, y en pocas semanas aparecen nuevos brotes verdes en la base de las ramas secas.
Más importante que el bicarbonato: el drenaje
Por mucho que ayude el truco del agua de riego, si el fondo de la maceta no tiene un buen drenaje, el problema volverá enseguida. Merece la pena comprobar que la maceta tenga un agujero en la base y que este no esté obstruido.
Si puedes, mezcla en la tierra un puñado de grava fina o perlita: aligera el sustrato y ayuda a evacuar más rápido el exceso de humedad. En muchos casos, este simple gesto de airear la tierra basta por sí solo para devolverle la vitalidad a la planta, y el riego con bicarbonato ayuda, como extra, a mantener el entorno menos ácido que la lavanda necesita.
La poda: la otra mitad del éxito
No basta con regar las partes secas y marrones: también hay que eliminarlas, de lo contrario la planta malgasta energía en ellas. Con unas tijeras afiladas, corta los tallos secos hasta el punto donde todavía encuentres tejido verde y vivo.
Aquí conviene tener cuidado con la técnica de poda, porque un corte demasiado agresivo puede dar el golpe de gracia a la planta.
Si el arbusto está completamente lignificado, no cortes hasta la parte leñosa, porque de ahí muchas veces ya no vuelve a brotar. Es mejor detenerse en los tallos verdosos y flexibles.
Lo ideal es podar en un día templado y seco, nunca bajo la lluvia ni con mucho calor. Después, durante unos días, conviene colocar la maceta en un lugar más sombreado para que la planta descanse antes de volver al sol.
Paciencia que da sus frutos
La lavanda no se recupera de un día para otro: es más bien un proceso lento que dura semanas, a medida que los pequeños brotes verdes van apareciendo en la base de los tallos viejos.
Quien tenga constancia y combine el riego con bicarbonato, un buen drenaje y una poda regular y cuidadosa, tiene muchas posibilidades de volver a contemplar un arbusto de lavanda denso y perfumado en la misma maceta que estuvo a punto de tirar.
¿Cada cuánto hay que regar la lavanda con bicarbonato?
Basta con hacerlo una vez cada tres semanas, disolviendo una pizca de bicarbonato en un litro de agua templada. No conviene usar más de lo recomendado, porque un exceso perjudica a la planta.
¿Por qué se pone marrón la lavanda en maceta?
Normalmente porque la tierra retiene demasiada humedad y la raíz se asfixia, o porque llevas años sin podarla y la base se ha lignificado. Ambas cosas hacen que la planta se estrese y se seque.
¿Hasta dónde puedo podar una lavanda seca?
Corta los tallos secos hasta donde encuentres tejido verde y vivo, pero detente antes de llegar a la parte leñosa. Desde la madera vieja la lavanda muchas veces ya no vuelve a brotar.
¿Es suficiente con el bicarbonato para salvar la planta?
No es un remedio milagroso. Funciona mejor combinado con un buen drenaje y una poda cuidadosa, ya que el problema de fondo suele ser el exceso de humedad en el sustrato.











