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Una sola frase de la abuela puede marcar a su nieto durante años

Váradi Petra5 min de lectura
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Una sola frase de la abuela puede marcar a su nieto durante años — Familia
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El olor a canela y manzana llena la cocina, y sobre la mesa reposa un bizcocho recién hecho. La niña de siete años entra corriendo para probar un trozo, y la abuela la mira con una sonrisa. Entonces, sin ninguna mala intención, suelta: «Ay, cariño, tú es que te comes todo lo que se pone por delante, con lo que ya se te nota.» La cara de la niña se congela un instante. Luego se sienta y sigue comiendo, pero el bizcocho ya no sabe igual.

Estas frases casi nunca nacen de la crueldad. El problema es que los niños no tienen aún la capacidad de filtrar la información como lo hacemos los adultos. Lo que a un oído adulto suena como una broma inocente, para un niño de siete u ocho años es pura realidad: si lo dice la abuela, entonces es verdad.

Por qué una frase así puede durar años en la memoria

La imagen que un niño construye de sí mismo se forma, en gran parte, a través de lo que las personas más cercanas le dicen sobre él. Y cuanto más repite algo alguien en quien confía y a quien quiere, más profundo cala. La abuela no es una desconocida: es la persona junto a la que el niño se siente seguro y protegido. Por eso, cuando de ella viene un juicio sobre su cuerpo, su comportamiento o sus capacidades, ese juicio pesa infinitamente más que si lo dijera un compañero de clase.

Los comentarios sobre el cuerpo son especialmente difíciles de borrar.

Una frase cotidiana como «no comas tanto, que vas a engordar» puede aparecer décadas después, cuando esa persona se mira al espejo y, de repente, vuelve a escuchar esa voz en su cabeza.

No solo se trata del cuerpo

El daño puede llegar también de otras formas. Cuando la abuela compara constantemente a un hermano con otro, o cuando, tras una mala nota, un plato roto o un momento de timidez, dice algo como «tú nunca serás tan hábil como tu hermana», el niño no vive ese momento concreto como un fracaso. Empieza a verse a sí mismo como un fracaso. Esa es precisamente la diferencia que hace que una frase no se evapore, sino que se instale.

Muchos adultos que luchan contra la falta de confianza en sí mismos, los trastornos de imagen corporal o la necesidad constante de aprobación, cuentan que en terapia terminan siempre volviendo a una escena de la infancia —y muchas veces esa escena está protagonizada por los abuelos. No porque fueran malas personas, sino porque sus palabras eran las que el niño consideraba incuestionables.

Cuando el amor y el daño se confunden

Uno de los aspectos más complicados de todo esto es que estas frases casi siempre se pronuncian dentro de un contexto de amor. La abuela acaricia la cabeza del niño, le pone un trozo de tarta delante, le da un abrazo al despedirse. El niño no puede separar el cuidado del comentario hiriente, y aprende ambas cosas a la vez: que el amor a veces viene acompañado de que te digan lo que está mal en ti.

Esta mezcla es lo que hace que, de adulto, resulte tan difícil procesar esos recuerdos. No se puede estar enfadado sin más con alguien que fue una de las principales fuentes de amor durante la infancia. Lo que queda es una sensación extraña, difícil de nombrar, que aflora cuando alguien dice años después una frase parecida, y uno mismo no entiende por qué le afecta tanto.

La mayoría de las abuelas, con toda seguridad, encontrarían otras palabras si supieran que sus nietos van a cargar con ellas siendo adultos. Solo que casi nunca se sabe de antemano qué frase será la que se quede, y cuál quedará simplemente como el recuerdo fugaz de una tarde en la cocina.

¿Por qué los comentarios de los abuelos pesan más que los de otros adultos?

Porque los abuelos representan una figura de autoridad y afecto incondicional para el niño. Sus palabras no se cuestionan, se asumen como verdades absolutas, lo que hace que el impacto emocional sea mucho mayor.

¿Solo los comentarios sobre el cuerpo pueden causar daño?

No. Las comparaciones entre hermanos, los juicios sobre la inteligencia o la habilidad, y cualquier frase que haga sentir al niño inferior o inadecuado pueden tener un efecto igual de duradero en su autoestima.

¿Qué puede hacer un padre o una madre si escucha ese tipo de comentarios?

Lo más importante es hablar con el niño después y poner en perspectiva lo que se dijo, dejando claro que esa frase no define quién es. También puede ayudar hablar con la abuela con calma y sin reproches, explicando cómo ese tipo de comentarios pueden afectar a los pequeños.

¿Estos efectos desaparecen solos con el tiempo?

No siempre. Muchos adultos reconocen en terapia que ciertas inseguridades o patrones de pensamiento negativo tienen su origen en frases escuchadas en la infancia. Tomar conciencia de ello es el primer paso para trabajarlos.

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