Bien Logo

La frase que mi abuela repetía cada verano y que tardé años en olvidar

Váradi Petra5 min de lectura
Compartir:
La frase que mi abuela repetía cada verano y que tardé años en olvidar — Familia
En este artículo

La casa de mis abuelos estaba a diez minutos de la playa, rodeada de buganvillas y con las contraventanas siempre entornadas para protegerse del calor. Cada verano pasaba allí tres semanas, y cada mañana, antes incluso de ponerme el bañador, escuchaba la misma frase: "No comas tanto, que vas a engordar y no te va a entrar el bikini."

Tenía unos ocho o nueve años cuando empezó, y dieciséis cuando por fin dejé de escucharla de verdad. En medio, ocho veranos en los que el desayuno ya llegaba cargado de ansiedad: ¿cuántas tostadas podía coger? ¿Si pedía un poco más de mermelada, lo anotaría mentalmente para sacarlo a relucir al día siguiente?

No era maldad, era herencia

Mi abuela no era mala persona. Al contrario, creo que lo decía convencida de que era una forma de quererme. Ella misma había luchado toda su vida con su cuerpo, había crecido en una época en que la delgadez era el único modelo aceptable de feminidad, y transmitía esa medida como si fuera una joya de familia que había que llevar puesta, te gustara o no.

Hay una escena en la playa que todavía veo con una claridad incómoda. Tenía doce años, acababa de salir del agua, y ella estaba allí con la toalla. Pero no me la tendió enseguida. Me miró de arriba abajo y dijo: "Mete la barriga, que en las fotos se ve mejor." Mi padre nos estaba fotografiando con su cámara antigua, y desde aquel día, en todas las fotos de verano aparezco con la barriga contraída y los hombros ligeramente encogidos, como si estuviera pidiendo disculpas por existir.

Cuando lo que importaba era el aspecto, no el bienestar

No importaba si me sentía bien en mi propio cuerpo. Lo que importaba era si salía bien en las fotos que iba a enseñarles a las vecinas.

En las cenas también había un ritual. Mi abuelo siempre me preguntaba si quería más filete, y antes de que yo pudiera responder, mi abuela ya intervenía: "No le pongas más, con eso tiene suficiente." Con quince años, una noche salí llorando de la mesa porque me habían servido una porción que habría sido escasa hasta para un niño pequeño. Ella me dijo desde atrás: "No seas dramática, esto es por tu bien."

Abuela y nieta adolescente sentadas a la mesa

El verano más bonito con una sombra constante

Lo más extraño de todo es que, a pesar de todo, adoraba esos veranos. Me encantaba sentarme en el puerto al atardecer, el olor a tomates recién cogidos del huerto, las partidas de ajedrez que mi abuelo me enseñaba en la terraza. Pero esa frase, esa advertencia que volvía una y otra vez, siempre flotaba en el ambiente como la pesadez que precede a una tormenta, lista para caer en cualquier momento.

Cuando ya era veinteañera y me iba de vacaciones con mis amigas, me di cuenta de que antes de ponerme el bikini seguía metiendo la barriga instintivamente y miraba a mi alrededor para asegurarme de que nadie iba a hacer un comentario.

Tardé años en desaprender ese reflejo. Y hay veranos en que todavía regresa un instante, si me cruzo con un espejo en la playa.

Lo que me llevé y lo que no quiero transmitir

Mi abuela ya no está, y lo curioso es que ahora que la echo de menos me encuentro intentando separar a dos personas: la que me enseñó a plantar tomates en el huerto, y la que cada mañana en el desayuno medía su cariño por lo que yo comía. No sé si alguna vez lo conseguiré del todo, y quizás tampoco sea necesario. Solo sé que, si algún día tengo una hija, jamás le diré esa frase, aunque esté preocupada por ella. Porque hay formas de querer que dejan marca, y no siempre del tipo que queremos.

¿Cómo saber si los comentarios de la infancia todavía te afectan?

Si de adulto te sientes incómodo comiendo delante de otros, te juzgas automáticamente frente al espejo o evitas ciertas situaciones por vergüenza corporal, es posible que comentarios recibidos en la infancia sobre tu cuerpo sigan influyendo en tu autoestima. Reconocerlo es el primer paso para trabajarlo.

¿Por qué los adultos mayores suelen hacer estos comentarios?

Muchas veces no es mala intención: es el reflejo de una época y una cultura en la que el control del cuerpo —especialmente el femenino— era sinónimo de cuidado y disciplina. Lo transmitían como algo normal, incluso como un acto de amor, sin ser conscientes del daño que podía causar.

¿Se puede hablar con un familiar que hace este tipo de comentarios?

Sí, y en muchos casos merece la pena intentarlo, especialmente si la persona sigue haciéndolo. Explicar cómo nos hacen sentir esas palabras, sin acusar, puede abrir una conversación importante. No siempre cambia nada, pero poner límites también es una forma de cuidarse.

¿Cuánto tiempo puede tardar en desaparecer el impacto emocional?

No hay un plazo fijo. Como se describe en este artículo, el proceso puede llevar años, y algunos reflejos aprendidos en la infancia reaparecen en momentos concretos incluso en la edad adulta. La terapia o el trabajo personal consciente pueden acelerar ese proceso de forma significativa.

Lecturas relacionadas

"Entre las cosas de mi abuela encontré una carta que lo cambió todo" — Familia

"Entre las cosas de mi abuela encontré una carta que lo cambió todo"

Vaciando los armarios de mi abuela tres semanas después de su muerte, encontré una carta escondida en un viejo libro de oraciones. Lo que decía me dejó sin palabras.

Váradi Petra
"Mi madre nunca me dijo quién era mi verdadero padre" — El secreto que salió a la luz un verano — Familia

"Mi madre nunca me dijo quién era mi verdadero padre" — El secreto que salió a la luz un verano

Una fotografía escondida bajo una factura vieja fue suficiente para derrumbar todo lo que creía saber sobre mi familia. Esta es mi historia.

Váradi Petra
"Zsófi no es hija de tu abuelo": el secreto que mi abuela me confesó al morir — Familia

"Zsófi no es hija de tu abuelo": el secreto que mi abuela me confesó al morir

La última confesión de mi abuela moribunda destapó un secreto guardado durante setenta años que cambió para siempre cómo veíamos a toda la familia.

Váradi Petra
Si de niño te decían mucho esta frase, quizá arrastres presión por rendir — Familia

Si de niño te decían mucho esta frase, quizá arrastres presión por rendir

Lo que suena como un elogio inocente en la infancia puede convertirse en una fuerte presión por rendir en la vida adulta. Esto es lo que revela.

Farkas Izabella
¿Sientes que todos te miran en la playa? La psicología dice que solo lo imaginas — Estilo de vida

¿Sientes que todos te miran en la playa? La psicología dice que solo lo imaginas

Nadie te está observando, pero sientes que todas las miradas se giran hacia ti en cuanto te quedas en bañador. La psicología explica por qué.

Farkas Izabella
Burnout parental: las 3 señales tempranas que ya piden ayuda médica — Familia

Burnout parental: las 3 señales tempranas que ya piden ayuda médica

El agotamiento parental no es una mala noche de sueño. Estas son las tres señales que, según los expertos, ya no se resuelven descansando.

Farkas Izabella