Hay una zona de la cocina que se libra de todas las limpiezas generales, incluidas las de septiembre: los filtros metálicos de la campana. Están a la vista, encima de nuestra cabeza, y precisamente por eso dejamos de verlos. Un día alguien fríe pimientos, la casa entera huele a eso hasta el día siguiente y descubrimos que la campana lleva meses aspirando a media potencia porque las rejillas están selladas por una capa de grasa antigua. La buena noticia es que no hay que frotar casi nada: el trabajo lo hace el agua muy caliente.
Primero, mira qué tipo de filtro tienes
Antes de mojar nada, desconecta la campana de la corriente y saca los filtros: casi todos tienen una pestaña o un resorte que se empuja hacia dentro y basta con tirar hacia abajo sujetando con la otra mano, porque pesan más de lo que parece.
Si lo que sale es una rejilla metálica, de aluminio o de acero, con láminas o malla, es un filtro lavable y es el protagonista de este artículo. Si detrás encuentras un bloque negro o gris que parece esponja compacta, ese es un filtro de carbón activo, el que retiene olores en las campanas que no salen al exterior: ese no se lava, se sustituye cuando toca según el fabricante. Mojar un filtro de carbón lo estropea, así que conviene distinguirlos desde el principio.
El remojo que hace el trabajo por ti
Llena el fregadero, o mejor una bandeja de horno grande, con agua lo más caliente que soporte tu instalación. Añade un buen chorro de detergente lavavajillas de mano, el de fregar los platos, y dos o tres cucharadas soperas de bicarbonato. Sumerge los filtros del todo; si no caben, hazlo por partes o apóyalos de canto e id girándolos.
Déjalos entre veinte y treinta minutos. Verás cómo el agua se vuelve turbia y aparecen gotas de grasa flotando: eso es exactamente lo que ya no vas a tener que rascar. Después pasa un cepillo de cerdas blandas o el lado suave de la esponja siguiendo la dirección de las láminas, nunca en diagonal. Aclara con agua caliente, sacude bien y deja secar de pie sobre un paño, apoyados en vertical, hasta que no quede humedad en los pliegues.
Si la grasa está muy cristalizada, repite el remojo con agua nueva antes de insistir con el estropajo. La paciencia siempre gana al músculo aquí.
Lo que conviene no hacer
Nada de estropajo metálico ni de cuchillo para levantar costras: rayan el metal y a partir de ahí la grasa se agarra mucho más rápido. Evita también los productos con amoniaco mezclados con otros limpiadores; ni compensa ni es seguro en un espacio pequeño.
Y ojo con el lavavajillas: en muchos filtros de aluminio, los detergentes agresivos y el calor del ciclo dejan la superficie con un aspecto blanquecino y mate que ya no se recupera. Si tu manual lo permite y el filtro es de acero inoxidable, puedes usar un programa corto a temperatura media y sin otros utensilios dentro. En caso de duda, el fregadero es más lento pero no arruina nada.
Mientras los filtros se remojan, aprovecha para pasar un paño con agua caliente y detergente por la parte interna de la campana y por el hueco donde encajan; suele acumular polvo pegado a la grasa. Y limpia también la carcasa exterior en la dirección del cepillado del acero, así no quedan marcas.
¿Cada cuánto hay que limpiar los filtros de la campana?
Depende mucho de cómo cocines: si fríes o haces salteados varias veces por semana, cada mes es razonable; si tu cocina es más de horno, hervidos y plancha suave, cada dos o tres meses suele bastar. Hay una señal fácil de leer sin calendario: acerca un papel de cocina fino al filtro con la campana encendida a media potencia; si no se queda pegado, la aspiración está perdiendo fuerza y toca remojo.
¿Y si el olor a fritura sigue después de limpiarlos?
Comprueba dos cosas. La primera, si tu campana es de recirculación, es decir, si devuelve el aire a la cocina en lugar de expulsarlo al exterior: en ese caso el olor lo retiene el filtro de carbón, que se satura con el tiempo y hay que reemplazar. La segunda, la ventilación cruzada mientras cocinas: abrir una ventana en otra estancia crea corriente y arrastra el olor mucho más rápido que cualquier aparato trabajando solo.











