La plancha es uno de esos electrodomésticos a los que solo miramos cuando fallan. Un día notas que arrastra sobre el algodón, que deja un rastro brillante en una camisa oscura o que suelta unas gotitas blancuzcas justo encima del cuello que ibas a llevar el lunes. No se ha roto: lleva meses acumulando restos de apresto, fibras derretidas y cal. La buena noticia es que devolverle el deslizamiento es cuestión de veinte minutos y de hacer las cosas en el orden correcto, porque limpiar el depósito antes que la suela es garantía de repetir el trabajo.
Antes de empezar: desenchufa y lee el manual
Parece obvio y sin embargo es el paso que más se salta. Desenchufa la plancha y deja que se enfríe, o que quede apenas tibia si vas a trabajar con una pasta suave, porque sobre una suela ardiendo cualquier producto se seca al instante y puede quemarte. Vacía el depósito antes de tumbar el aparato para que no entre agua donde no debe.
Lo segundo es mirar el manual o la etiqueta: cada fabricante indica qué suela lleva tu plancha (cerámica, antiadherente, acero inoxidable, cromada) y si tiene función de autolimpieza o cartucho antical. Esa información determina qué puedes usar y qué no, y ahorra el disgusto de rayar un revestimiento que después hace enganchar la ropa para siempre.
La suela: cada material pide un gesto distinto
Para la suciedad de andar por casa —esa capa mate que se ve a contraluz— basta con un paño de microfibra humedecido y un poco de jabón neutro, frotando en frío y secando después. Si hay restos pegados, la pasta de bicarbonato con unas gotas de agua funciona bien: se aplica con el dedo o con un paño suave, se deja actuar un par de minutos y se retira con otro paño húmedo, sin presionar y sin dejar polvo en los agujeros del vapor.
Lo que nunca debe entrar en esta operación es el estropajo metálico, la lana de acero o cualquier crema abrasiva sobre suelas antiadherentes o cerámicas: una sola pasada deja microarañazos que retienen suciedad y estropean el deslizamiento. Si lo que se ha quedado pegado es plástico o fibra sintética derretida, apaga, deja enfriar y retira el resto endurecido con una espátula de madera o de plástico duro, con paciencia y sin rascar el revestimiento.
Otro clásico que sí ayuda: pasar la plancha tibia, sin vapor, sobre una toalla vieja de algodón limpio o sobre papel de cocina espolvoreado con un poco de sal gruesa. Sirve para arrastrar residuos superficiales en suelas de acero; en suelas delicadas, mejor quedarse en el paño y el jabón.
Los agujeros del vapor: donde se esconde la cal
Los orificios de la suela son el punto crítico. Ahí se acumulan cal y restos de almidón que luego salen disparados en forma de manchas. Con la plancha fría, repasa cada agujero con un bastoncillo de algodón humedecido en agua; si notas costra blanca, un bastoncillo apenas mojado en agua tibia y mucha insistencia suele ser suficiente. Para un acabado más fino, un palillo de madera ayuda a sacar lo que queda en el borde, pero nunca uses agujas ni objetos metálicos: agrandar un orificio es irreversible.
El depósito y el ritual de final de sesión
Si tu plancha tiene función de autolimpieza, úsala tal y como indica el fabricante: normalmente se llena el depósito hasta la marca, se calienta al máximo y se pulsa el botón sobre el fregadero, sujetando la plancha en horizontal mientras sale vapor y agua con partículas. Repite hasta que el agua salga limpia y termina planchando un paño viejo para secar la suela por dentro.
Y después, siempre lo mismo: vaciar el depósito en caliente, dejar la plancha secar de pie y guardarla en vertical con el cable enrollado sin tensión. Dejar agua dentro de un día para otro es la forma más rápida de criar cal y de que aparezca ese olor a cerrado en la primera camisa de la semana.
¿Puedo usar vinagre en el depósito de la plancha?
Muchos manuales lo desaconsejan expresamente, porque el vinagre puede dañar las juntas internas y los circuitos de vapor de algunos modelos, así que la respuesta depende de lo que diga tu fabricante. Si el manual no lo autoriza, quédate con la función de autolimpieza o con los cartuchos antical propios del aparato; el vinagre sí puede usarse en cambio para limpiar la suela por fuera, con un paño humedecido y siempre con la plancha desenchufada y fría.
¿Cada cuánto hay que limpiar la plancha?
Una limpieza rápida de la suela cada mes y un ciclo de descalcificación cada pocas semanas es un buen ritmo si planchas a menudo y vives en zona de agua dura; si planchas poco, con hacerlo al empezar cada temporada basta. El mejor indicador no es el calendario sino la propia plancha: en cuanto notes que arrastra, que el vapor sale débil o que aparecen manchas en la ropa, toca sesión de mantenimiento.











