Cambiamos las sábanas cada semana, aireamos la habitación cada mañana y, debajo de todo eso, el colchón lleva años sin que nadie le haga caso. Septiembre es un buen momento para ocuparse de él: el calor ha aflojado, todavía hay horas de sol y ventanas abiertas, y aún queda margen antes de que la casa se cierre para el invierno. Además, la operación no es larga; lo que la mayoría hace mal no es el esfuerzo, es el orden.
Antes de mojar nada: aspirar y airear
El primer paso no lleva agua. Retira toda la ropa de cama, incluido el protector, y llévala a lavar mientras trabajas. Abre la ventana de par en par y deja el colchón desnudo al menos media hora antes de tocarlo. Después aspira toda la superficie con el accesorio de tapicería, sin prisa, en franjas que se solapen, y presta atención a los laterales, a las costuras y a la zona de la cabecera, que es donde más se acumula. Si tu colchón tiene botones o pespuntes, pasa el accesorio estrecho por ellos. Este paso parece menor y es el que más diferencia marca: si mojas antes de aspirar, conviertes el polvo en barro y lo empujas hacia dentro.
Manchas: agua fría, poca cantidad y mucha paciencia
La regla que no se puede saltar es esta: un colchón no se enjuaga, así que todo lo que metas dentro se queda dentro. Trabaja siempre con el paño humedecido, nunca con el colchón empapado. Para manchas orgánicas frescas, agua fría y toques desde el borde hacia el centro, sin frotar en círculos, para no extender el cerco. El agua caliente en este tipo de manchas suele fijarlas, así que mejor evitarla. Si la mancha está seca, prueba primero con una mezcla suave de agua fría y un poco de jabón neutro o de detergente líquido de ropa, aplicada con un paño blanco escurrido; el paño blanco te permite ver cuánto se está levantando. Después, pasa un segundo paño humedecido solo en agua para retirar el jabón y termina presionando con una toalla seca para absorber la humedad. En manchas antiguas o de origen desconocido, haz siempre una prueba en una esquina poco visible, y si tu colchón es viscoelástico revisa las indicaciones del fabricante, porque muchas espumas no toleran productos agresivos.






