En casa tenemos una norma no escrita: lo que se limpia al guardar no se convierte en problema al sacar. Vale para el neopreno de la playa, para la barbacoa y, sobre todo, para el aire acondicionado. Durante el verano el aparato ha estado filtrando polvo, pelo, polen y humedad ambiente sin descanso, y ahora que las noches empiezan a permitir dormir con la ventana abierta llega la ventana de tiempo perfecta para dedicarle veinte minutos. No es una tarea difícil ni cara. Es, sencillamente, una de esas cosas que casi nadie hace hasta que el aire huele raro.
Por qué septiembre es mejor momento que junio
Si limpias los filtros ahora, guardas el aparato limpio y seco durante ocho meses. Si esperas al primer calor, lo que haces es encender un equipo que ha pasado el invierno con polvo húmedo dentro, con ese olor característico que luego cuesta quitar y que se reparte por toda la habitación. Además, un filtro cargado obliga al equipo a trabajar más para mover el mismo aire, así que la limpieza no es solo cuestión de higiene: también influye en el ruido y en el consumo.
Hay otra razón menos evidente. En septiembre todavía hace calor suficiente para poder encender el aparato unos minutos al terminar, que es justo lo que necesitas para secar bien el interior. En febrero, no.






