Descubrí que mi plancha necesitaba una limpieza a fondo de la peor manera posible: una gota marrón sobre la única camisa blanca de mi hija, cinco minutos antes de salir de casa. La plancha es uno de esos electrodomésticos que usamos con las manos ocupadas y la cabeza en otra parte, y por eso acumula lo que acumula: restos de almidón quemado, fibras derretidas, cal del agua del grifo. La buena noticia es que casi todo se arregla en un cuarto de hora y sin comprar nada raro.
Primero, identifica qué tipo de suciedad tienes
No es lo mismo una suela mate y pegajosa que una suela con manchas oscuras adheridas. La capa pegajosa suele venir de sprays, almidones y suavizantes que se han ido cocinando encima; las manchas marrones oscuras casi siempre son restos quemados o cal que ha salido por los orificios de vapor. Y si aparece un pegote brillante y duro, lo más probable es que hayas rozado una cremallera, un botón de plástico o una etiqueta sintética.
Cada una pide un enfoque distinto, pero todas comparten dos normas: la plancha se limpia desenchufada y fría salvo en el caso concreto del plástico derretido, y jamás se toca con estropajo metálico, cuchillo ni polvos abrasivos. Las suelas actuales llevan recubrimientos cerámicos o antiadherentes que, una vez rayados, enganchan la ropa para siempre.
La suela: pasta de bicarbonato y paciencia
Con la plancha fría y desenchufada, mezcla un par de cucharadas de bicarbonato con unas gotas de agua hasta formar una pasta espesa. Extiéndela sobre la suela con un paño suave o el dedo, deja actuar unos minutos y frota siempre en la dirección de los orificios, sin hundir la pasta dentro de ellos. Después retira todo con un paño húmedo bien escurrido, varias veces, hasta que no quede rastro blanco: si queda bicarbonato en los agujeros, saldrá disparado sobre la próxima prenda.
Para los restos pegajosos leves, un paño con un poco de vinagre blanco caliente aplicado en frío también funciona bien. Y si lo que tienes es plástico derretido, aquí sí se trabaja con la plancha templada, nunca al máximo: se calienta un poco, se pasa por un paño de algodón grueso doblado varias veces o por una hoja de papel de periódico, y el plástico se despega solo. Nunca uses un objeto duro para rascarlo.
Los orificios de vapor y el depósito
Los agujeritos son los grandes olvidados. Con la plancha fría, pásales un bastoncillo de algodón ligeramente humedecido en agua con vinagre y, si hay incrustaciones, ayúdate de un palillo de madera, nunca de metal. Verás salir una pasta grisácea: eso es exactamente lo que estaba cayendo sobre tus sábanas.
Para el interior, lo más seguro es seguir lo que diga el manual de tu modelo, porque muchos fabricantes desaconsejan expresamente el vinagre en el depósito y ofrecen su propia función de autolimpieza. Si tu plancha la tiene, el procedimiento habitual es llenar el depósito con agua limpia, calentar al máximo, desenchufar y activar la autolimpieza sobre el fregadero o un barreño, dejando que salga el vapor y el agua sucia. Repítelo hasta que salga transparente.
Prevenir es más rápido que limpiar
Tres costumbres pequeñas evitan la mayoría de los desastres. La primera: vaciar el depósito cuando termines de planchar, siempre, porque el agua estancada es la que deja cal. La segunda: guardar la plancha en vertical y fría, nunca apoyada sobre la suela. La tercera: planchar de menor a mayor temperatura, empezando por sintéticos y terminando por el algodón y el lino, para no quemar fibras delicadas por prisa.
Y una más: si vas a planchar prendas con lentejuelas, plásticos o estampados de vinilo, hazlo del revés o con un paño fino entre la suela y la prenda. Ahí se evita el 90 por ciento de los pegotes.
¿Puedo echar vinagre dentro del depósito de la plancha?
Depende del modelo, y por eso conviene mirar el manual antes de hacerlo. Muchos fabricantes lo desaconsejan porque el vinagre puede dañar las juntas internas y las piezas del sistema de vapor; en esos casos, la opción segura es usar la función de autolimpieza con agua o el descalcificador que recomiende la marca. Si tu agua es muy dura, alternar con agua desmineralizada previene mucho más que cualquier limpieza posterior.
¿Cada cuánto hay que limpiar la plancha?
La suela, en cuanto notes que arrastra o que deja marca, y como mínimo cada mes o mes y medio si planchas semanalmente. El depósito y los orificios de vapor agradecen una revisión cada dos o tres meses, o antes si vives en una zona de agua muy calcárea y ves que el vapor sale con menos fuerza o con motitas blancas.











