1. Medios físicos
Recuerdo lo mucho que valoraba mi cinta de audio favorita (Gun N’ Roses) y mi "videocasete" con mi película preferida (Highlander). Hoy todo está online, y casi ni quedan libros físicos. Antes siempre llevaba al menos tres libros de vacaciones; ahora solo meto mi Kindle en la bolsa. Es un invento genial, pero extraño el olor de las páginas.
2. Concentración
Antes podíamos concentrarnos en una sola cosa durante mucho tiempo, y no hacía falta mucho —ni de niños ni de adultos— para que algo captara nuestra atención. Ahora hasta en un vídeo de cinco minutos salto porque si no pasa nada en los primeros cinco segundos, me aburro.
Las redes sociales y la constante avalancha de información han acabado con mi capacidad de concentración prolongada; ya casi no puedo ver una película entera porque si la trama se ralentiza, adelanto. Mi hermana es profesora y ve esto en los niños de hoy, especialmente en los chicos: se frustran si tienen que escribir o leer porque no les interesa.
3. Pluma estilográfica
¡Echo de menos las plumas estilográficas! Me encantaba escribir con ellas. En aquella época mi letra era bonita, casi meditativa, al unir las letras. Escribía diarios, cartas, y toda mi etapa escolar estuvo marcada por escribir con pluma.

4. Desayuno
En mi familia siempre desayunábamos juntos, y aunque a veces nos dormíamos y no había tiempo para sentarnos, al menos bromeábamos y contábamos cómo sería el día. Ahora los desayunos en mi casa son silenciosos, nadie habla, todos miran su teléfono. Por más que me entristece, no sé cómo cambiarlo.
5. ¡Despertador!
¿Recuerdas cuándo tiraste tu despertador? Yo no, pero seguro que hubo un momento así, porque antes de los móviles todos usábamos despertador. Los móviles han dejado obsoletos a los despertadores, aunque sabemos que no es saludable tener el teléfono en el dormitorio.
6. Las fotos
Recuerdo la emoción cuando en cualquier reunión sacaban los álbumes de fotos. Nos emocionábamos con la foto de boda de los abuelos, admirábamos lo adorables que éramos de bebés o nos reíamos a carcajadas con los peinados de la graduación. En aquel entonces apenas se hacían fotos porque eran caras y complicadas.
Ahora en un minuto hacemos tantas fotos como antes en un año, pero nadie las mira. Subimos a Facebook la foto de perfil nueva o unas cuantas de las vacaciones y listo.

7. Aparatos pequeños
Recuerdo que mi abuelo siempre escuchaba la radio de bolsillo mientras trabajaba en su taller; hoy casi solo escucho la radio en el coche. Las calculadoras de bolsillo y las máquinas de escribir también desaparecieron, aunque de niño podía pasar horas tecleando —más bien golpeando— en la máquina de escribir del trabajo de mi madre.
8. Escritura a mano
Hace poco se me quedó sin batería el móvil y tuve que tomar notas a mano. No solo fue difícil encontrar papel y bolígrafo (usé un sobre de cheque y la encargada me prestó un bolígrafo), sino que casi no sabía escribir, ¡casi lo había olvidado! Antes escribía todo con letra bonita, ahora hasta la lista de la compra la hago en el móvil.
9. Periódicos
Los periódicos en blanco y negro tenían un encanto especial en los quioscos; hoy los pocos que veo son revistas a todo color con algún famoso en portada.
10. El mirlo
Cuando era niña, el jardín de mi abuela en el campo siempre estaba lleno de mirlos, y también los veía en los parques de la ciudad. Ahora tengo 43 años y creo que hace unos 30 años que no veo ninguno, ni en la ciudad ni en el campo.











