Siempre supe que quería ser periodista. No fue una decisión consciente, sino un sentimiento profundo. De niña, me encantaban los periódicos: adoraba las fotos a color, el mar de letras y las historias llenas de magia. Recortaba mis imágenes favoritas, las pegaba y creaba mi propio "periódico". El aroma de las páginas y el juego de las palabras me fascinaban desde entonces.
En la escuela, mis materias favoritas eran literatura y gramática. Me gustaba escribir redacciones y diarios de lectura, y siempre esperaba con emoción la opinión del profesor. Para mí, escribir no era solo una tarea, sino un placer: una forma de expresarme. Ya entonces sentía que contar historias era donde realmente podía ser yo misma.
"Una profesión incierta" – pero yo creía en ella
Al final del colegio, muchos intentaron disuadirme de ser periodista. "Elige algo más seguro", "no es fácil vivir de esto", "la prensa escrita está desapareciendo" — escuchaba una y otra vez. Lo decían con buena intención, pero sentía que si cedía, luego me arrepentiría.
No elegí el camino fácil, sino el que me llamaba desde dentro. No sabía cuánto trabajo, incertidumbre y nuevos comienzos me esperaban, solo que escribir me hacía feliz. Eso siempre me ayudó a superar los momentos difíciles.
La redacción donde todo encajó
Durante la universidad, trabajé como pasante en una redacción increíble. Allí, todas mis ideas se hicieron realidad y a la vez cambiaron por completo. Aprendí lo que significa la presión de los plazos, cómo se trabaja horas o días en un solo artículo, y la emoción de ver mi nombre en una publicación.
Colaboré con personas que no solo me inspiraron profesionalmente, sino que también me enriquecieron como persona. La emoción de mis primeras publicaciones, los días intensos antes del cierre, las risas compartidas: todo eso se volvió parte de lo que agradezco hoy.
Aunque el mundo del periodismo ha cambiado mucho desde entonces, la esencia para mí sigue igual: escribir, contar historias, impactar. Eso es lo que más me motiva en mi trabajo.
La escritura siempre fue mi ancla
He probado otros trabajos a lo largo de los años, pero la escritura nunca desapareció de mi vida. Incluso cuando hacía otras cosas, siempre sentí el deseo de descubrir nuevos temas, conocer gente y compartir historias.
Creo que una señal clara de vocación es no poder separarte de ella. Que te falte si no la haces. Así es para mí la escritura, y preparar un artículo significa mucho más que un simple trabajo.
Cuando la vida muestra un nuevo camino
Hace unos años, descubrí que soy intolerante al gluten y a la lactosa. Al principio fue difícil aceptarlo, pero ahora sé que fue una de las mejores cosas que me pasaron. Ese diagnóstico me impulsó a vivir con más conciencia, cuidar mi salud y alimentación, y ese cambio personal también transformó mi carrera.
Empecé a escribir más sobre vida saludable, nutrición y equilibrio cuerpo-mente. Cuanto más profundizaba, más encontraba temas que aún hoy me apasionan. Este campo no solo me desafía profesionalmente, sino que también me inspira: aprendo algo nuevo cada día y siempre surge una oportunidad para crecer.
Personas inspiradoras y relatos que enseñan
En estos años he conocido a muchas personas especiales: médicos, nutricionistas, psicólogos y héroes cotidianos que muestran perseverancia, fe y humanidad. Cada entrevista cambia un poco mi visión del mundo, y agradezco poder compartir estas historias con los lectores.
Estas personas me enseñaron que la salud no es solo un estado físico, sino una forma de vivir. Que un estilo de vida consciente no es renuncia, sino respeto por uno mismo. Y también aprendí que la escritura, incluso en un artículo breve, puede iniciar cambios en otros.
La voz interior que nunca se apaga
Al mirar atrás, veo cuánto ha cambiado todo y cuánto se ha mantenido igual. El mundo del periodismo es distinto al de cuando armaba mi pequeño "periódico" de niña, pero la emoción que me impulsa sigue siendo la misma: el deseo de contar historias.
He aprendido que en las decisiones más importantes no siempre ayuda la lógica, sino esa voz interior y suave que, incluso en la mayor incertidumbre, sabe hacia dónde ir. Esa voz me dijo que fuera periodista, y no se equivocó.
El futuro: inspirar, ayudar, contar
Mi objetivo sigue siendo ayudar y motivar con mis escritos, mostrando lo colorido, rico e inspirador que es este mundo. Que un estilo de vida saludable sea un placer, no una obligación, y que los lectores sientan que no están solos en su camino de cambio.
Creo que la vocación no es solo un trabajo, sino una misión que nace desde dentro. Y si escuchamos nuestra voz interior y confiamos en ella, tarde o temprano todos encontraremos el camino que realmente nos pertenece.











