Sea cual sea el menú, los bocaditos navideños siempre tienen su espacio en la mesa. Son esas delicias que preparo año tras año porque a nuestros invitados les fascinan.
La corona comestible que enamora a todos
Una de las delicias que hace que los familiares vuelvan siempre a casa es nuestra llamada “corona comestible”. Es la joya de los aperitivos: vistosa, aromática y súper ligera. En un plato grande y redondo coloco hojas frescas en círculo, como si hiciera una corona real. Últimamente, mi favorita es el romero: mantiene bien la forma, aporta un aire festivo y su aroma ya evoca la noche de Navidad. También me gusta darle un toque con canónigos, que sostienen muy bien la forma.
En el centro de la corona pongo hummus fresco y cremoso, y la decoración verde se completa con pequeños bocados coloridos: en invierno, los tomates cherry jugosos son menos comunes, así que uso mis tomates secos caseros. Añado aceitunas variadas, alcaparras y tofu especiado en dados pequeños: ¡todo lo que sea fresco, sabroso y fácil de picar!
Bocados salados que no pueden faltar en la fiesta
En la línea salada, las mini bruschettas y los dip variados se han convertido en los aperitivos favoritos de la familia con los años. Me encanta tostar en casa rebanadas de baguette con ajo y especias, pero también funcionan genial como base los palitos de verduras frescas. Si no hay pan fresco —algo que puede faltar en la locura navideña—, recurro a los grissini. Son un básico en casa: los tengo en varios sabores y me gusta cómo lucen en un vaso. Además, son perfectos para mojar en dips cremosos.
Con las cremas no complico la preparación: una salsa rápida y picante, crema de aguacate o un puré de lentejas o frijoles con especias siempre funcionan. El toque mágico suele venir de un aceite especiado especial o una mezcla secreta de especias que sorprende a los invitados. Y claro, que cada quien pueda mojar a su gusto, lo que siempre crea un ambiente más relajado y divertido.
El dátil que siempre triunfa
Cuando hablamos de dulces, el dátil es imbatible en casa. No me refiero al típico seco, sino a las variedades premium, suaves y con sabor a caramelo, que son un postre por sí solas. Los favoritos son el sukkari y el medjool: cremosos, dulces y con un sabor que los convierte en un capricho navideño.
Uno de los favoritos de la familia es el dátil relleno de mazapán: con cuidado le quito el hueso y pongo un trocito de mazapán en su lugar. Este bocado desaparece más rápido de lo que lo preparo. Cuando tengo tiempo, lo baño en chocolate negro, que equilibra perfectamente la dulzura del dátil. A veces lo espolvoreo con pistachos o nueces picadas...
Hablando de frutos secos...
Me gusta apilarlos en un plato grande y bonito: nueces pecanas, macadamias, nueces con cáscara roja, avellanas y nueces de Brasil no solo lucen espectaculares juntos, sino que también elevan el ambiente navideño con elegancia. Sorprende que muchos invitados solo los prueban en estas fiestas en esta variedad, y siempre es divertido verlos descubrir sus sabores.
Pero hay un truco que hace que estos frutos secos brillen aún más: preparo una versión glaseada. Mezclo partes iguales de azúcar moreno y agua, y en minutos se convierte en un jarabe espeso, brillante y con sabor a caramelo. En este líquido baño los frutos secos y los espolvoreo con especias para galletas de jengibre. Al secarse, se vuelven crujientes, aromáticos y casi como un dulce, y suelen desaparecer antes de llegar a la sala.











