Hay búsquedas que duran años. Algunas terminan con lágrimas de alivio, otras con más preguntas que respuestas. Tres lectores adoptados nos contaron cómo encontraron —o intentaron encontrar— a su familia biológica. Sus historias son distintas, pero todas tienen algo en común: el coraje de querer saber de dónde vienen.
"Busqué durante 10 años y encontré a mi madre a tres países de distancia"
Réka, 34 años, siempre supo que era adoptada. Sus padres nunca se lo ocultaron, y durante mucho tiempo eso le bastó. No sentía que necesitara saber más.
"A principios de mis veinte empezó a interesarme de verdad quién era mi madre biológica. No estaba enfadada con mis padres adoptivos ni quería reemplazarlos. Simplemente quería saber de dónde vengo."
Los primeros datos los extrajo de los documentos que tenía disponibles: su nombre de nacimiento, el nombre de su madre y la ciudad aproximada donde vivía cuando ella nació. El problema era que el nombre era demasiado común y las búsquedas en internet no llevaban a ningún lado.
Durante años lo intentó por distintas vías. Un conocido le sugirió que se registrara en una base de datos genética. Lo hizo, y durante mucho tiempo no pasó nada.
Hasta que, diez años después de haber empezado a buscar en serio, llegó una coincidencia. No era su madre, sino una mujer que resultó ser su prima. Ese hilo fue suficiente para tirar de él.
"A partir de ahí la historia se volvió surrealista. Descubrí que mi madre se había mudado al extranjero —no al país de al lado, sino a tres países de distancia— y que tenía un apellido completamente nuevo. Cuando la llamé por primera vez, solo supe decirle: soy la niña que diste a luz hace 25 años."
Al otro lado de la línea hubo silencio. Y después, ella empezó a llorar.
"Desde entonces nos hemos visto en persona. No nos convertimos de la noche a la mañana en madre e hija, y no quiero presentarlo como si todas las heridas se hubieran curado con un solo encuentro. Pero ahora sé de quién heredé el pelo rizado, y también de quién saqué esa manía extraña de comprobar dos veces si he cerrado la puerta antes de salir. Para mí, eso significa muchísimo."
"Encontré primero a mi hermano, y él me ayudó a llegar hasta nuestra madre"
Balázs, 29 años, también creció sabiendo que era adoptado. En su casa siempre fue un tema abierto, sin secretos.
"Mis padres me dijeron desde pequeño que si algún día quería buscar a mi familia biológica, me ayudarían. Nunca fue un tabú."
A los 26 años emprendió la búsqueda. La primera pista seria fue un documento antiguo con un nombre de pila. Lo buscó durante meses sin resultado.
Un día, en una red social, encontró a un hombre con el mismo apellido que aparecía en los papeles y que era del mismo pequeño pueblo donde, según los documentos, había vivido su madre. Le escribió. Y resultó ser su medio hermano.
"Él ya sabía de mi existencia. Lo más impactante fue descubrir que a él también lo habían dado en adopción, pero a otra familia. Tenía algunos recuerdos de nuestra madre porque era un poco mayor que yo. Al final la buscamos juntos. Primero nos escribimos con ella, luego vinieron las videollamadas. Resultó que ella tenía mucho miedo de cómo íbamos a reaccionar. Cuando nos conocimos en persona, los tres estuvimos sentados en una cafetería durante casi veinte minutos sin saber de qué hablar."
"Entonces mi medio hermano le preguntó cuál era su cuento favorito de cuando era niña. Y ella respondió al instante. Creo que fue ese momento el que rompió la tensión de verdad. Desde entonces mantenemos el contacto, pero construimos despacio. No queremos recuperar treinta años de vida familiar en unos pocos meses."
"Encontré a mi padre, pero él no quiso verme"
Para Judit, 39 años, la búsqueda tuvo un final muy diferente.
"Yo no buscaba a mi madre, sino a mi padre. En los documentos de adopción tenía su nombre, y también sabía que cuando me adoptaron él ya no tenía contacto con mi madre."
Tenía 35 años cuando por fin se decidió a buscarlo. Partió de un número de teléfono antiguo y un apellido.
"Lo encontré con una rapidez que me sorprendió. Vivía en la misma ciudad, en otro barrio. Cuando vi su primera fotografía me quedé paralizada. No era porque se pareciera especialmente a mí, sino porque de repente aquella persona que durante toda mi vida había sido solo un nombre se convirtió en alguien real. Le escribí una carta larga. No le pedí explicaciones, solo me presenté y le dije que me gustaría conocerle."
Respondió.
"Me dijo que sabía quién era yo, que se alegraba de que mi vida hubiera ido bien, pero que no quería conocerme. Dolió mucho. Durante años pensé que si lo encontraba, tendría respuesta a todas mis preguntas. En cambio, tuve aún más preguntas. Unos meses después me mandó otra carta. Explicó por qué no quería una relación personal, y también me contó algunas cosas que sabía sobre mis primeros años de vida. No hubo relación padre-hija, pero al menos dejó de ser un hueco vacío en mi historia."
¿Cómo buscan sus orígenes las personas adoptadas?
Lo que une estas tres historias es el punto de partida: los documentos de adopción disponibles, los registros civiles y, cada vez más, las bases de datos genéticas como las que ofrecen varios servicios de ADN comerciales. Estas plataformas han revolucionado la búsqueda de familiares biológicos, ya que permiten encontrar coincidencias incluso cuando los nombres han cambiado o la persona vive en otro país.
El camino no siempre lleva adonde uno espera. Pero, como muestran estas historias, incluso una respuesta dolorosa puede llenar un espacio que antes estaba completamente en blanco.
¿Cuánto tiempo suele durar la búsqueda de la familia biológica?
No hay un plazo fijo. Puede llevar meses o, como en el caso de Réka, más de diez años. Depende de los datos disponibles en los documentos de adopción, del uso de bases de datos genéticas y de si la familia biológica también está registrada en alguna plataforma.
¿Es legal buscar a los padres biológicos en España?
En España, las personas adoptadas tienen derecho a conocer sus orígenes biológicos. La legislación permite acceder a los expedientes de adopción a partir de la mayoría de edad, aunque los procedimientos concretos pueden variar según la comunidad autónoma y la época en que se realizó la adopción.
¿Qué pasa si el familiar biológico no quiere el contacto?
Como muestra la historia de Judit, es posible que la otra parte rechace el encuentro. Ese rechazo puede ser muy doloroso, pero en algunos casos —como le ocurrió a ella— el familiar biológico termina compartiendo información por escrito, lo que puede ayudar a cerrar algunas preguntas aunque no haya relación directa.
¿Las bases de datos genéticas son útiles para encontrar familia biológica?
Sí, cada vez más. Aunque no siempre aparece una coincidencia directa con el familiar buscado, pueden surgir parientes más lejanos —como primos— que sirvan de puente, tal como le sucedió a Réka. Cuanta más gente se registre en estas plataformas, más probabilidades hay de obtener resultados.











