He leído y escuchado historias increíbles de otras madres. Al principio solía sonreír, y al momento las olvidaba. Siempre pensé que ese tipo de cosas les pasaban a otras personas, a las que disfrutan de lo místico o a las que leen demasiado sobre el tema antes de dormir.
Yo no soy ninguna de las dos. No soy de las que creen en todo sin cuestionarlo, pero tampoco de las que descartan sin más lo que no tiene explicación racional. Hasta que llegó un martes por la noche y, desde entonces, ya no estoy tan segura de en qué categoría me encuentro.
Mi hija tenía cuatro años
Llevaba varios días comportándose de forma extraña por las noches. No quería quedarse sola en su cuarto, y a veces decía cosas que yo no sabía de dónde podía haber sacado. A veces se detenía a mitad de un juego y se quedaba mirando al vacío durante minutos, como si sus pensamientos viajaran muy lejos. Le preguntaba en qué pensaba, pero ella sacudía la cabeza y seguía jugando, como si no hubiera pasado nada.
Esa noche estaba en la bañera, jugando con sus patitos, cuando de repente levantó la vista y me dijo que antes ella me cuidaba a mí. Al principio pensé que se había inventado un juego, algún cuento que había escuchado en la guardería. Le pregunté a qué se refería. Y ella, con una voz completamente tranquila, como si hablara de la cosa más natural del mundo, me respondió que cuando ella era la mayor y yo era la pequeña, ella me daba el baño, y que por las noches me cantaba, igual que yo le canto a ella ahora.
Me quedé sentada en el borde de la bañera sintiendo un escalofrío que me recorrió la espalda entera. No porque creyera de inmediato todo lo que decía, sino porque lo dijo con una seguridad que una niña de cuatro años simplemente no suele tener cuando habla de cosas desconocidas. No había duda en su voz, no esperaba que yo la confirmara. Solo contaba, como quien recuerda algo antiguo.
Su voz era distinta a cuando se inventa un cuento. Mucho más lenta, mucho más seria, como si rebobinara algo dentro de sí misma.
Le pregunté cómo era aquello
Me dijo que vivíamos en una casa pequeña, y que por las noches siempre me leía ella, porque yo todavía no sabía leer. Luego añadió que la había echado mucho de menos cuando se fue, y que se alegró mucho cuando me volvió a encontrar, aunque ahora los papeles están al revés. Le pregunté cómo era yo entonces, y me dijo que era pequeñita y que lloraba mucho por las noches, pero que ella siempre se quedaba conmigo hasta que me dormía.
"Me había echado mucho de menos cuando se fue, y se alegró cuando me volvió a encontrar. Solo que ahora los papeles están al revés."
Intenté mantener la calma y seguí con el baño como si nada, pero por dentro estaba completamente confundida. Había tantas cosas en esas pocas frases que no sabía dónde poner. ¿Cómo sabe una niña de cuatro años lo que significa que los papeles estén al revés? ¿Por qué esa imagen y no un personaje de cuento o de dibujos animados? ¿Por qué una casa pequeña, por qué el llanto nocturno, un detalle que jamás le había contado sobre mi propia infancia... cuando de verdad lloraba mucho de bebé, según me ha contado siempre mi madre?
Esa noche, después de que se durmiera, me quedé mucho tiempo sentada junto a su cama mirándola dormir. Recordé cuántas veces había sentido con ella esa sensación de ya la conozco de antes, incluso antes de que naciera. Recordé lo naturalmente que se acomodó entre mis brazos desde el primer momento, como si no fuera la primera vez que nos encontrábamos. Y recordé también cómo, con pocos meses, a veces me miraba de una forma tan fija y seria que mi marido y yo nos reíamos diciendo que tenía una mirada muy adulta para ser un bebé.
A la mañana siguiente, era como si nada hubiera pasado
En el desayuno hablaba de sus dibujos animados, se reía, y no quedaba ni rastro de aquella seriedad de la noche anterior. Le pregunté con cuidado si recordaba lo que habíamos hablado durante el baño. Se encogió de hombros y dijo que no sabía de qué le hablaba. Como si aquello solo se hubiera abierto un instante dentro de ella, y luego se hubiera vuelto a cerrar.
No soy de las que buscan una explicación mística para todo. Pero esa frase, antes ella me cuidaba a mí, sigue dando vueltas en mi cabeza. Quizás fue solo la imaginación de una niña que por un momento encajó de una forma extraña. O quizás hay algo en todo esto que sencillamente no podemos explicar con lógica.
Desde entonces he hablado con otras madres, y me ha sorprendido cuántas me han contado que sus propios hijos dijeron algo parecido, con detalles que afirman que no podían haber sacado de ningún sitio. Una me contó que su hijo pequeño nombró de repente a un familiar ya fallecido que nunca había conocido y describió exactamente cómo era. Otra me dijo que su hija le preguntó una noche si recordaba la guerra que habían vivido juntas. Hay quien se ríe de estas historias y las deja pasar; hay quien, como yo, sigue pensando en ellas.
Todavía no sé qué pensar. Solo sé que cuando mi hija me miró aquella noche junto a la bañera y me dijo que antes ella me daba el baño, algo cambió en mí. A veces, mientras la baño ahora, esa frase me viene sola a la cabeza. Y aunque sé que racionalmente no hay ninguna prueba detrás de todo esto, en algún lugar muy dentro de mí permanece la sensación de que quizás, efectivamente, no nos conocemos desde hoy.
¿Es normal que los niños pequeños hablen de vidas anteriores?
No es raro que niños de entre dos y cinco años hagan comentarios que sus padres no saben cómo interpretar. Algunos investigadores lo atribuyen a la imaginación propia de esa etapa; otros lo estudian desde perspectivas relacionadas con la memoria infantil o las creencias sobre la reencarnación. No existe una explicación científica definitiva.
¿Debería preocuparme si mi hijo dice cosas similares?
En la mayoría de los casos, este tipo de comentarios desaparecen solos con el tiempo, igual que ocurrió en esta historia. Si el niño no muestra angustia ni cambios de comportamiento preocupantes, los expertos suelen recomendar escuchar con calma y sin reforzar ni descartar lo que dice.
¿Por qué los niños de esta edad a veces hablan con tanta seguridad de cosas que no pueden saber?
A los cuatro años, los niños tienen una frontera muy difusa entre la imaginación y la realidad. Sin embargo, algunos padres notan que ciertos relatos suenan distintos a los cuentos inventados: más lentos, más serenos, con detalles concretos. Esa diferencia de tono es lo que suele resultar más desconcertante para quienes lo viven.
¿Qué dice la ciencia sobre los recuerdos de vidas pasadas en niños?
Algunos investigadores, como los del programa de estudios sobre la reencarnación de la Universidad de Virginia, han documentado casos de niños que describían vidas anteriores con detalles verificables. La ciencia convencional no acepta la reencarnación como hecho demostrado, pero reconoce que estos relatos existen y merecen estudio.











