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"Mommy brain": ¿de verdad las madres se vuelven más torpes después de tener hijos?

Farkas Izabella6 min de lectura
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"Mommy brain": ¿de verdad las madres se vuelven más torpes después de tener hijos? — Familia
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Una madre está sentada en el parque con un café que ya se ha enfriado. A su lado, el móvil vibra con un mensaje del grupo de trabajo. No lo contesta, porque en ese momento intenta recordar si su hija ha pedido el tobogán por tercera o por cuarta vez. Dos minutos después, ya ha olvidado qué quería escribir.

Si esta escena te resulta familiar, no estás sola. Existe incluso un nombre para ello: "mommy brain", esa sensación de tener la cabeza envuelta en niebla que describen tantas embarazadas y madres de niños pequeños.

Y la pregunta no es inofensiva. Cuando alguien pasa años en casa con uno o varios hijos, es normal que tema perder su agilidad mental, sus conocimientos profesionales o incluso su vocabulario. Pero ¿el cansancio y la atención dividida significan de verdad que el cerebro se vuelve más torpe a largo plazo?

Qué dice la ciencia sobre el cerebro materno

En las últimas décadas, cada vez más neurocientíficos han centrado su mirada en el periodo que rodea al parto, y los resultados son sorprendentemente matizados. Durante el embarazo y justo después de dar a luz, sí se producen cambios medibles en la materia gris del cerebro, sobre todo en las zonas responsables de la comprensión social, la empatía y la capacidad de detectar las necesidades del otro.

No es un deterioro, es una transformación: el cerebro recibe una especie de ajuste fino para responder con más sensibilidad a las señales del bebé.

Las quejas sobre problemas de memoria casi nunca tienen que ver con una caída de la inteligencia, sino con la falta crónica de sueño, la atención repartida entre mil tareas a la vez y el vaivén hormonal. Un padre o una madre que convive con un bebé duerme, de media, mucho menos de un tirón que antes, y la falta de sueño por sí sola ya empeora la memoria a corto plazo y la concentración, trabaje esa persona fuera de casa o esté con el niño.

No es que el cerebro se encoja. Es que la atención está constantemente dividida, y eso es algo muy distinto de perder inteligencia.

La trampa de la rutina

Lo que sí puede ocurrir es que, tras mucho tiempo, la rutina diaria —llevar a los niños a la guardería, hacer la compra, el baño de la noche— deje menos espacio para el pensamiento abstracto que un trabajo profesional complejo. Si alguien pasa años sin manejar hojas de cálculo, sin dar una presentación ni participar en debates profesionales, ciertas habilidades pueden aflojarse, igual que un músculo que no se usa. Pero eso no es un daño cerebral, sino simple falta de práctica, algo que en otro contexto se recupera bastante rápido.

Al mismo tiempo, la crianza desarrolla un montón de capacidades que el mundo laboral rara vez reconoce con tanta claridad: gestión de conflictos, resolución flexible de problemas, capacidad de sopesar varios puntos de vista a la vez y una organización del tiempo bajo presión. Una madre que mantiene a raya las necesidades de dos niños, la logística de una casa y a sí misma no se vuelve más torpe: desarrolla una forma distinta —y muy infravalorada— de capacidad organizativa.

La expectativa social que duele

En el uso de la expresión "mommy brain" hay una doble cara incómoda. Por un lado, alivia a quienes se reconocen en ella: consuela saber que no eres la única que pierde las llaves varias veces al día. Pero por otro, se convierte fácilmente en una profecía que se cumple sola: si una madre escucha una y otra vez que después de tener hijos "se le ralentiza la cabeza", será más propensa a creérselo y a evitar tareas en las que antes se movía con soltura.

El mercado laboral suele reforzar esta creencia: no es raro que a las mujeres que vuelven tras una baja de maternidad larga les asignen tareas menos complejas, como si se diera por hecho que se han "oxidado" en su profesión. Pero eso es más un prejuicio que una desventaja cognitiva real, y en muchos casos es precisamente esa expectativa la que ralentiza la reincorporación, no el estado del cerebro.

Qué ayuda cuando te sientes embotada

La mayoría de los padres y madres que pasan una temporada larga en casa acaban notando que, en algunos terrenos pierden práctica, mientras que en otros han crecido sorprendentemente. El descanso, aunque sea corto e interrumpido, mejora mucho la concentración. También ayuda mantener de forma consciente algún estímulo mental fuera de la rutina diaria: un libro, un curso online o volver de vez en cuando a la comunidad profesional, aunque sea solo a nivel de conversación.

La vuelta al trabajo casi nunca cuesta porque el cerebro se haya deteriorado, sino porque la confianza en una misma se ha desgastado. En unas semanas o unos meses, buena parte de la vieja rutina regresa. La maternidad no te vuelve más torpe: solo desvía la atención hacia otro lado durante un tiempo, y esa diferencia suele ser, precisamente, lo que después se puede convertir en un valor dentro del mundo laboral.

¿El "mommy brain" significa que perdemos inteligencia?

No. Según lo que explica el artículo, no se trata de una caída de la inteligencia, sino de la falta de sueño, la atención dividida entre muchas tareas y los cambios hormonales.

¿Qué cambios ocurren en el cerebro durante el embarazo?

Se producen cambios medibles en la materia gris, sobre todo en las zonas ligadas a la comprensión social, la empatía y la detección de las necesidades del bebé. Es una transformación, no un deterioro.

¿Por qué cuesta tanto volver al trabajo después de la baja?

Casi nunca es porque el cerebro haya empeorado, sino porque la confianza en una misma se ha desgastado. En unas semanas o meses, gran parte de la rutina profesional vuelve a recuperarse.

¿Cómo puedo mantener la mente ágil estando en casa con los niños?

Descansar cuando sea posible ayuda mucho, y también mantener algún estímulo mental fuera de la rutina: un libro, un curso online o volver de vez en cuando a tu comunidad profesional, aunque sea solo para charlar.

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