Las persianas son el mueble invisible de la casa. Nadie las mira de frente, pero están ahí filtrando todo lo que entra: polvo de la calle, polen, humo, la grasa que viaja desde la cocina, los restos que deja la lluvia cuando sopla de lado. Un día bajas la persiana a mediodía, la luz la atraviesa en diagonal y ves la película gris que cubre cada lama. Yo lo descubrí así, y desde entonces las limpio dos veces al año, siempre en un día templado y con tiempo por delante. No es una tarea agradable, pero es de las que cambian la sensación de limpieza de toda la habitación.
Prepara antes de empezar (y ahorra la mitad del trabajo)
Lo primero es protegerse el suelo y el alféizar: una toalla vieja o un plástico debajo de la ventana recoge todo lo que va a caer, y te ahorra fregar después. Lo segundo es quitar el polvo en seco antes de mojar nada. Si pasas directamente un paño húmedo, conviertes el polvo en barro y lo arrastras por la lama dejando churretes que luego cuestan más que la suciedad original.
Para el polvo seco funciona muy bien el aspirador con el cepillo de cerdas suaves, pasado de arriba abajo con la persiana completamente bajada. Si no tienes boquilla adecuada, un plumero de microfibra o incluso una brocha ancha seca hacen el trabajo. Dedica atención especial a la parte alta, junto al cajón, donde se acumula lo peor.
El truco del calcetín: dos caras de la lama a la vez
Aquí está el gesto que me cambió la tarea. Ponte un calcetín viejo de algodón en la mano, como un guante, y humedécelo en una mezcla de agua templada con un chorrito de vinagre blanco y una gota de jabón lavavajillas. Escúrrelo bien: debe quedar húmedo, no goteando. Luego pasa la mano por cada lama abarcándola, de modo que limpias la cara de arriba y la de abajo en una sola pasada.
Trabaja siempre en el mismo orden, de arriba abajo y de izquierda a derecha, para no volver sobre lo ya hecho. Cuando el calcetín se ensucie, enjuágalo y cámbialo; tener dos o tres a mano acelera mucho. En persianas de PVC o aluminio este método funciona perfectamente. Si tus lamas son de madera, olvida el agua abundante: ahí basta un paño apenas humedecido con un limpiador específico para madera, secando inmediatamente después.
La parte exterior, el cajón y las guías
La cara exterior suele estar mucho más sucia y es la que se ve desde la calle. Si puedes abrir la ventana con la persiana bajada, trabájala por secciones con el mismo sistema, pero cambiando el agua más a menudo. Nunca te asomes ni fuerces la postura en un piso alto: si no llegas con comodidad y seguridad, limpia solo lo accesible y deja el resto para quien pueda hacerlo con medios adecuados.
Las guías laterales son el punto que casi todo el mundo olvida y el responsable de que la persiana chirríe o se atasque. Pasa un bastoncillo o un paño enrollado en un cuchillo de mantequilla por el canal, de arriba abajo, para sacar la mugre compactada. El cajón superior, si se abre, suele guardar polvo acumulado en cantidad sorprendente: aspíralo con cuidado y sin tirar de las cintas.
Para que dure: el mantenimiento de dos minutos
Una vez limpias, el objetivo es no volver a esa situación. En mi casa funciona así: cada vez que paso el plumero por los muebles de una habitación, hago también una pasada rápida por la persiana bajada, de arriba abajo. Son dos minutos y evita que el polvo se adhiera con la humedad y se convierta en costra. En la cocina conviene hacerlo con más frecuencia, porque allí el polvo viene mezclado con grasa y se pega de verdad.
¿Cada cuánto hay que limpiar las persianas a fondo?
Para una vivienda normal, dos limpiezas profundas al año suelen ser suficientes: una al final de la primavera, cuando el polen ha hecho su trabajo, y otra en otoño, antes de que empiece la temporada de ventanas cerradas. Si vives en una calle con mucho tráfico, cerca de una obra o en zona de polvo en suspensión, pasa a tres veces, y en la cocina casi siempre hace falta una vuelta extra.
¿Puedo usar lejía o productos fuertes en las lamas?
Mejor no. La lejía y los limpiadores muy agresivos pueden decolorar el PVC, dejarlo áspero y acelerar su amarilleo con el sol, y en aluminio lacado pueden atacar el acabado. Con agua templada, un poco de jabón suave y vinagre blanco se resuelve casi toda la suciedad doméstica; para manchas puntuales de grasa, deja actuar unos minutos la mezcla sobre la lama antes de frotar y verás que cede sin necesidad de artillería.











