La escena duró solo unos segundos, pero bastaron para que internet se hiciera eco de los amantes sorprendidos y asustados. El video se viralizó rápidamente, y pronto se supo quiénes eran, además de que tuvieron que dejar sus cargos.
La gente en internet no tardó en compartir su opinión: algunos compadecían a los cónyuges, mientras otros calificaban al directivo y a la directora de RRHH como “basura moral”.
Lo más llamativo fue el tono burlón y malicioso con que algunos disfrutaban la humillación de los “ricos pillados”. Como si fuera un episodio de una telenovela, pero con personas reales.
Por eso creo que este juicio no es justo
El tribunal popular lanza inmediatamente su furia sobre los infieles y asume que todo lo que les pase será merecido. Pero la verdad es que no sabemos nada de estas personas. Ni de su matrimonio, ni de su día a día, ni de su dinámica de pareja.
Puede que lleven años siendo solo compañeros de piso con sus esposos, o que hayan acordado quedarse juntos solo por sus hijos. Tal vez duermen en habitaciones separadas y cada momento compartido está lleno de tensión. Eso no justifica la infidelidad, pero sin duda matiza la historia.
No sabemos qué pasó realmente, solo que pasó algo. Y emitir un juicio inmediato y sin preguntas es peligroso, sobre todo si luego nos reímos de ello.
Y voy más allá: aunque no hubiera ninguna “circunstancia atenuante”, aunque vivieran un matrimonio feliz y fuera una traición cruel, aún así no sabemos nada. Vimos tres segundos de la vida de dos personas. Vimos un error que ambos cometieron. Y eso es todo lo que conocemos de ellos.
Su nombre, su trabajo, su posición y ese error: con eso construimos toda una personalidad. Y mientras juzgamos, reímos, posteamos y damos “me gusta”, quizás no nos damos cuenta de que también nos estamos exponiendo a nosotros mismos.

¿Cometieron un error? Sin duda.
¿Acaso quienes ahora se ríen a carcajadas nunca han cometido errores? Tal vez no hayan engañado a nadie, pero ¿nunca tomaron una mala decisión? ¿Nunca se encontraron en situaciones incómodas, dolorosas o moralmente cuestionables? Lo dudo mucho. Solo que esas no se viralizan.
El mundo está lleno de políticos corruptos, líderes hipócritas y dictadores que arruinan la vida de millones. Por ellos hay familias que pasan hambre, niños que mueren y países que se derrumban. Y sin embargo, no se hacen memes burlones de ellos ni se corean sus nombres en los comentarios. Siempre se salen con la suya. Porque sus historias son demasiado complejas. Porque no caben en un video de 3 segundos.
Y parece que preferimos no pensar, no buscar conexiones, no practicar la empatía.
Solo basta con hacer clic. Para el escándalo no se necesita conocimiento, solo un error captado desde un buen ángulo y dos personas a quienes creemos que les va mejor que a nosotros — por eso nos gusta verlos caer.
Pero si eso es lo que necesitamos para sentirnos moralmente superiores, ¿no dice eso tanto de nosotros como de ellos? ¿Y no es igual de incómodo para nosotros?











