Bien Logo

¿Hasta cuándo debemos controlar lo que nuestros hijos hacen en internet?

Schuster Borka4 min de lectura
Compartir:
¿Hasta cuándo debemos controlar lo que nuestros hijos hacen en internet? — Familia

Artículo de opinión: Bárbara López

Mi hija tiene 7 años y su acceso a internet está, por ahora, muy limitado. Puede ver algunos dibujos animados, documentales de naturaleza y, en YouTube, casi exclusivamente vídeos de dibujo que luego intenta reproducir con entusiasmo, parando la pantalla una y otra vez para trazar exactamente la misma línea. Cuando la observo concentrada así, todo parece tranquilizadoramente sencillo. Pero sé que esto no puede durar para siempre.

A medida que crezca, su mundo digital también se expandirá. Más contenidos, más plataformas, más decisiones propias. Y yo tendré que enfrentarme a una pregunta que ya me ronda: ¿qué permito y qué no? ¿Cuándo intervengo y cuándo debo dar un paso atrás?

Los padres de hoy tienen a su disposición muchas herramientas para controlar lo que sus hijos hacen en internet. Existen controles parentales que limitan el tipo de contenidos accesibles, el tiempo frente a la pantalla o las aplicaciones que pueden usar. También hay apps que generan informes detallados sobre las páginas visitadas e incluso permiten leer los mensajes privados del menor.

A primera vista, todo esto parece reconfortante. Da la sensación de tener el control en un espacio fundamentalmente impredecible. Como si hubiera una red invisible que los protege de lo que ni siquiera nosotros entendemos del todo.

Pero al mismo tiempo, algo en mí me advierte: ese control puede deslizarse fácilmente hacia algo muy diferente.

Cuando hablamos de niños pequeños, la supervisión es natural

Con siete años, no hay duda de que depende de mí qué ve, con quién habla y en qué hace clic. Estar a su lado y ayudarla a orientarse forma parte del proceso de aprendizaje. La presencia de un padre o una madre no es una restricción, sino un punto de apoyo.

¿Pero qué pasa después?

¿Con diez años? ¿Con doce? ¿Con quince?

¿Dónde está el límite en el que la protección empieza a parecerse a la vigilancia? ¿En qué momento la seguridad se convierte en desconfianza?

Creo que no existe una línea clara y única. Más bien hay un desplazamiento gradual que hay que saber reconocer. A medida que el niño gana autonomía, nosotros debemos ir soltando el control. No de golpe, sino poco a poco: confiándole más decisiones, dándole más espacio.

Eso da miedo, claro.

Porque mientras soltamos su mano, sabemos perfectamente que internet no es un parque de juegos seguro. Que habrá cosas que no podremos filtrar. Que habrá situaciones en las que ya no estaremos presentes, aunque quizás deberíamos estarlo.

Y quizás por eso la ilusión del control total resulta tan tentadora.

Si lo vemos todo, lo sabemos todo, podemos prevenirlo todo

Pero eso no funciona a largo plazo. No se puede vigilar eternamente. No se pueden leer todos los mensajes ni revisar cada clic. Y tampoco sería lo correcto.

Porque si solo los vigilamos sin enseñarles a pensar, a evaluar situaciones, a reconocer el peligro, en realidad no estamos protegiendo a nuestros hijos: solo estamos retrasando su encuentro con esas situaciones.

Cada vez estoy más convencida de que la tarea real no es filtrar, sino preparar.

Hablar con ellos. Explicarles por qué es peligroso hacer clic en ciertos contenidos, por qué no deben dar datos personales a desconocidos, por qué es importante que nos cuenten si algo les parece raro. Y quizás aún más importante: no solo decirles lo que pensamos nosotros, sino escuchar lo que piensan ellos. Construir una relación en la que se atrevan a preguntar. En la que no tengan miedo de contarnos algo porque crean que se van a meter en problemas.

Porque al final, el objetivo no es mantener a nuestros hijos alejados de todo peligro, sino enseñarles a cuidarse a sí mismos. Y, por supuesto, que sepan que siempre pueden venir a nosotros cuando lo necesiten.

Lecturas relacionadas

Mi madre lleva meses con miedo desde las elecciones: esto es lo que hago para ayudarla — Familia

Mi madre lleva meses con miedo desde las elecciones: esto es lo que hago para ayudarla

El ruido digital y las noticias falsas generan un miedo real en las personas mayores. Así intento ayudar a mi madre a navegar este caos sin dejarla sola.

Schuster Borka
Mis padres se quedaron juntos por nosotros. Ojalá no lo hubieran hecho — Familia

Mis padres se quedaron juntos por nosotros. Ojalá no lo hubieran hecho

De niña escuché mil veces que mis padres seguían juntos por nosotros. De adulta, esa frase ya no me parece un sacrificio. Me parece una carga.

Schuster Borka
«¡Qué delgada estás, mamá!» — La conversación sobre el cuerpo que no esperaba tener con mi hija — Familia

«¡Qué delgada estás, mamá!» — La conversación sobre el cuerpo que no esperaba tener con mi hija

Un día mi hija me dijo que estaba guapa porque estaba delgada. Esa frase lo cambió todo. Así fue la conversación que tuvimos sobre belleza, cuerpo e identidad.

Schuster Borka
10 reglas del chat grupal que todo el mundo debería seguir de una vez — Estilo de vida

10 reglas del chat grupal que todo el mundo debería seguir de una vez

Los chats grupales se han convertido en el nuevo espacio social privado. Pero tienen sus propias reglas no escritas. ¿Las cumples todas?

Farkas Margaréta
4 juegos de palabras geniales para que los niños no noten las horas en el coche — Familia

4 juegos de palabras geniales para que los niños no noten las horas en el coche

¿Viaje largo en coche con niños? Estos 4 juegos de palabras sin pantallas convierten las horas interminables en momentos divertidos para toda la familia.

Farkas Izabella
Cuando las vacaciones se convierten en un proyecto fotográfico: ¿estamos perdiendo lo que importa? — Estilo de vida

Cuando las vacaciones se convierten en un proyecto fotográfico: ¿estamos perdiendo lo que importa?

Las redes sociales han transformado la forma en que vivimos las vacaciones. Pero perseguir la foto perfecta tiene un precio que pocas veces reconocemos.

Nyul Debóra