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Hoy en día etiquetamos a todos como “narcisistas”, “borderline” o “tóxicos”. Las etiquetas pueden ser peligrosas

Schuster Borka4 min de lectura
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Hoy en día etiquetamos a todos como “narcisistas”, “borderline” o “tóxicos”. Las etiquetas pueden ser peligrosas — Estilo de vida
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En los últimos años, el interés por la salud mental y las diferentes condiciones neurodivergentes ha explotado. En TikTok, Reddit o podcasts, aparecen contenidos sobre TDAH, autismo, trastorno límite de la personalidad o comportamientos narcisistas. Esto es positivo: por fin hablamos de realidades que antes muchos sufrían en silencio y sin ayuda.

Ahora tenemos palabras para lo que antes era solo “raro”, “distraído” o “demasiado sensible”. Hemos avanzado hacia el autoconocimiento y la aceptación, un gran paso cultural en las últimas décadas.

Pero como toda tendencia útil, también tiene su lado oscuro. El hambre por un diagnóstico — querer poner nombre a todo lo que duele, molesta o confunde — ha derivado en un diagnóstico patológico excesivo.

Esto sucede cuando no solo los profesionales, sino también las personas comunes empiezan a poner etiquetas — a sí mismos y a otros, a veces sin conocimiento. Aunque la intención suele ser inocente o de autoprotección, el resultado puede causar más daño que beneficio.

El poder liberador del autoconocimiento

Empecemos por entender por qué esto es tan importante. Un diagnóstico real — hecho por un profesional tras evaluaciones, conversaciones y pruebas — puede cambiar vidas. Comprender que no somos “perezosos”, sino que tenemos dificultades de atención; que no somos “demasiado sensibles”, sino que somos autistas; o que nuestras relaciones no son “dramáticas”, sino que reflejan un patrón borderline — todo esto puede ser una revelación liberadora.

Ayuda a dejar de culparse, a aprender a convivir con ciertas dificultades y a tomar decisiones más conscientes en la vida.

Es cierto que hoy muchos no llegan a este punto. Las listas de espera en el sistema público son interminables y la consulta privada suele ser inaccesible. Por eso, la autodiagnosis es en cierto modo una respuesta legítima a esta falta: una forma de buscar apoyo y entender por qué funcionamos diferente. Una autodiagnosis reflexiva y cuidadosa puede ser el primer paso hacia el autoconocimiento — siempre que se entienda que no reemplaza la ayuda profesional, sino que la inicia.

Cuando la etiqueta se vuelve un límite

El problema surge cuando la etiqueta reemplaza al diagnóstico. Cuando la atención se centra en justificar en lugar de entender. “Soy así porque tengo TDAH.” “No puedo evitarlo, soy borderline.” “Él es un narcisista, punto.” Estas frases suelen convertirse en excusas — para uno mismo o para otros. Pero una etiqueta nunca describe a una persona completa.

Las categorías psicológicas son herramientas: brújulas para entender comportamientos, reacciones y patrones. Pero si usamos el diagnóstico como escudo o arma, perdemos la oportunidad de reflexionar. Porque si todo se atribuye a una enfermedad o diversidad, desaparece la responsabilidad: no hay necesidad de crecer ni cambiar, “así soy y ya”.

Patologizar al otro

En redes sociales se ha extendido la tendencia de etiquetar rápidamente a quien actúa de forma hiriente o piensa diferente como “narcisista”, “borderline” o “tóxico”. Esta “psicología de sofá” es peligrosa y simplista. Por un lado, estigmatiza a personas que quizás no tienen ningún trastorno real; por otro, distorsiona la comprensión de las verdaderas enfermedades mentales.

Si todos son “narcisistas”, nadie lo es: la palabra pierde su significado y las experiencias de quienes viven con un diagnóstico real se desvalorizan. Además, esta constante etiquetación polariza relaciones: refuerza el “yo vs. tú” y dificulta el diálogo.

Equilibrio entre conocimiento y humildad

La democratización del conocimiento sobre salud mental es una gran oportunidad, pero solo si la abordamos con humildad. Está bien leer, investigar y tener revelaciones — pero recordemos: el diagnóstico no es una identidad, es una herramienta. Nos ayuda a entendernos mejor, pero no define quiénes somos.

El verdadero autoconocimiento no consiste en encontrar una etiqueta que nos encaje, sino en entender por qué nos encaja. Y también en permitirnos a nosotros y a otros ser más que un diagnóstico.

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