La perfección
Hace poco, una paciente lloraba en mi consulta. Me contó que siente que todos a su alrededor tienen éxito y controlan su vida, mientras ella se siente desmoronada. Luego pidió disculpas por llorar. Y después se disculpó por haberse disculpado. Quise contarle que esa misma mañana lloré en el coche camino al trabajo porque me preocupa la salud mental de mi hijo mayor y siento que como madre fallo, aunque soy psicóloga. Quizá le habría hecho bien escucharlo, pero no se lo dije porque hay un límite que no puedo cruzar. Es vital mantener una distancia profesional para protegernos a ambos.
Envueltos en silencio
Reconozco al instante cuando mis pacientes me mienten o callan algo. Pero no les digo que dejemos de fingir, porque algunos necesitan tiempo para abrirse.

Patrones
Detectamos patrones de conducta que otros no ven. Por ejemplo, quienes más se justifican suelen tener menos razones para hacerlo. O que las personas más fuertes y estables a menudo están al borde de romperse. Pero nadie lo nota porque están acostumbrados a que sean duros. Sin embargo, muchas veces son los que están más cerca del límite.
Un ejemplo
No puedo decirle a mi paciente que deje a su pareja abusiva si sé que aún no está listo para hacerlo. Forzarle solo hará que se quede con él y deje de venir a terapia. Tampoco puedo decirle al eterno mártir que deje de ser tan desinteresado, porque su rol de salvador es tan importante para él que no podría renunciar a él.
Las palabras mágicas
A veces no comparto el diagnóstico porque algunas personas tienden a construir toda su identidad alrededor de él. Haber estado deprimido a los 21 no significa que a los 35 siga siendo un problema. Además, hay quienes atribuyen todos sus errores, debilidades y defectos a ser, por ejemplo, ansiosos, bipolares o con trastorno límite.

Dudas
¿En qué pienso cuando alguien está frente a mí? A veces admiro sinceramente su valentía, perseverancia u optimismo. Otras, reflexiono sobre lo que he aprendido de esa situación y qué terapia sería la mejor para esa persona. Y no es raro que me preocupe si lo que le dije le fue útil.
El avance
El paciente no es un coche que el especialista arregla como un mecánico. La terapia no es como en las películas, donde de repente hay una gran revelación y todo se soluciona; el paciente se va curado. Aquí el éxito está en pequeños pasos. El paciente se sana a sí mismo y yo le acompaño en ese proceso.
El Olimpo
A veces me parece ridículo el misticismo que rodea a los “cerebros” de la psicología. Hay pacientes que nos ven como dioses completamente equilibrados en la cima del Olimpo. Como si gracias a nuestra formación hubiéramos alcanzado una iluminación mental inquebrantable. La verdad es que no somos gurús ni santos y la mayoría de mis colegas también acuden a un especialista. Muchos enfrentamos los mismos problemas que nuestros pacientes. Nuestra pareja no es perfecta, también sentimos ansiedad o nos cuesta controlar nuestras emociones, igual que los demás.











