Hay momentos en los que el suelo podría tragarnos y no nos quejaríamos. Esos segundos eternos en los que todo se tuerce, la cara se pone roja y solo queremos desaparecer.
Lo mejor de todo es que le pasan a todo el mundo. Nadie se libra. Repasa esta lista y cuenta cuántas de estas escenas has vivido en carne propia.
El baño
Da vergüenza tener que pedir la llave del baño. Da vergüenza abrir la puerta y encontrarte a alguien dentro. Y da todavía más vergüenza cuando llaman a la puerta mientras estás sentado, no sabes qué contestar a tiempo… y te acaban abriendo.
Escena para mayores de 18
Estás viendo una película en la primera cita (o peor, con tus padres) y de repente aparece una escena de sexo de las fuertes. El silencio se vuelve insoportable.
Ehh…
Estás de visita en casa de alguien y, con toda tu buena educación, dejas tu plato en el fregadero justo cuando la otra persona está fregando.
La gran charla
El dentista tiene la mano metida hasta el codo en tu boca y, aun así, te hace una pregunta que de algún modo deberías responder. La versión de restaurante es aún mejor: el camarero te pregunta si te gusta la comida justo cuando tienes la boca llena.
Ay, no
Estás stalkeando discretamente a alguien y, sin querer, le das like a una foto de hace mil años. En ese momento no te queda otra opción que cambiarte el nombre y empezar una nueva vida en un país lejano.
Y hablando de redes: si alguna vez te has preguntado por qué revisamos el perfil de esa persona una y otra vez, quizá te interese saber qué dice de nosotros la costumbre de stalkear.
Jiji
Estás contando algo gracioso muerto de risa y, cuando por fin terminas de reírte, te das cuenta de que nadie más se está riendo.
El saludo físico
Uno de los desastres más habituales ocurre al saludar. Uno va a dar la mano, el otro va a chocar el puño y de ahí sale una pantomima ridícula. O uno alarga la mano mientras el otro va a abrazar. O tú solo ibas a saludar con la mano, pero la otra persona ya se inclinó para dar dos besos… y acabáis bailando una coreografía absurda.
Ups…
Alguien te dice algo que no entiendes, así que le pides que lo repita tres veces y sigues sin enterarte de nada. No te atreves a confesarlo, así que sonríes y asientes. Entonces la persona te hace una pregunta relacionada con eso y te quedas mirándola con cara de póker, sin la menor idea de qué responder.
Memoria de pez
Os presentáis y, con ese mismo impulso, olvidas el nombre de la persona al instante. Justo entonces llega alguien a quien tendrías que presentarla… y no tienes ni idea de cómo se llama.
El mudo de la reunión
Justo cuando estás cogiendo carrerilla con tu discurso en la reunión de Zoom, te das cuenta de que has estado silenciado todo el rato.
A caballo regalado…
Abrir un regalo ya es incómodo de por sí, sobre todo cuando peleas con el papel mientras la otra persona te observa con ojos de halcón. Pero lo peor es cuando reciclas un regalo de Navidad y, más tarde, quien te lo regaló viene de visita y te pregunta dónde está.
¡Cumpleaños feliz!
No hay nada más incómodo que estar sentado, aguantando, mientras todo el mundo te mira fijamente y te canta el Cumpleaños feliz. ¿Dónde miro? ¿Qué hago con las manos?
Incómodo hasta decir basta
Cuando tienes que recordarle a alguien que te devuelva el dinero que le prestaste. Debería ser él quien se sintiera mal, y sin embargo somos nosotros los que acabamos avergonzados.
Contacto visual
Quedas con alguien y os veis desde lejos, pero todavía tienes que caminar un buen rato hasta llegar. En esos segundos nunca sé si debo mantener el contacto visual todo el tiempo, como si fuera un psicópata, o ignorarla por completo —como si no estuviera— hasta que por fin llego a su lado.
Curvas peligrosas
Cuando vas solo por la calle y tienes que cambiar de dirección a lo tonto. Cuando hay un silencio absoluto y tu estómago ruge con estruendo. Cuando le devuelves el saludo a alguien que en realidad no te estaba saludando a ti.
A todo gas
Alguien te sujeta la puerta amablemente y tú te ves obligado a acercarte trotando con una sonrisa forzada para no hacerle esperar.
Destrozado por dentro
Decides ser espontáneo por primera vez en tu vida y besar al chico con el que has estado ligando toda la noche, y él, sorprendido, echa la cabeza hacia atrás y te suelta que tiene novia. (Historia real. Descanse en paz.)
El público
Tiras con todas tus fuerzas de una puerta que dice bien grande "empujar" —o al revés— y una docena de personas lo presencia con cara de lástima.
Destinatario equivocado
Le escribes a una amiga que no piensas ir a la fiesta de Marta ni loca… y se lo envías a Marta.
¡Pues nada, adiós!
Te despides de alguien y, acto seguido, los dos echáis a andar en la misma dirección. "Ah, ¿tú también vas por aquí? ¡Jeje!", dices riéndote con incomodidad, e intentas sacar un tema nuevo como sea. Cosa nada fácil, porque acabáis de hablar de todo y de despediros.
¿Por qué nos avergonzamos tanto en estas situaciones?
Porque en esos momentos sentimos que todo el mundo nos está mirando y juzgando, aunque casi nunca sea así. La buena noticia es que le pasa a absolutamente todo el mundo.
¿Es normal quedarse en blanco al olvidar el nombre de alguien?
Totalmente. Muchas veces nos presentamos y olvidamos el nombre al instante, sobre todo si estamos nerviosos o distraídos por el propio saludo.
¿Cuál es la situación incómoda más común?
El clásico lío al saludar: uno va a dar la mano, el otro a chocar el puño o a dar dos besos, y de ahí sale una pequeña coreografía ridícula que todos hemos protagonizado.











