2025 no fue un año sencillo. Se sintió como avanzar en una carrera de obstáculos: saltas uno, tropiezas con dos, te detienes en el tercero para tomar aire y sigues porque no hay otra opción. Hubo mucha incertidumbre, cansancio y replanificación — y sé que no estoy sola en esto.
Aun así, tengo la suerte de poder mirar atrás al final del año y permitirme ver las dificultades no solo como pérdidas, sino como aprendizajes y oportunidades.
Sé que no todos viven en estas circunstancias. No todos tienen el espacio, el tiempo o los recursos para interpretar los obstáculos como “crecimiento”. Y hay golpes que no es fácil ver con buenos ojos. Por eso siento que es especialmente importante reconocer mi posición privilegiada y decir: estoy agradecida por mi suerte. No porque todo haya salido perfecto, sino porque tuve la oportunidad de encontrar apoyos.
Estoy agradecida por mi relación
No porque sea fácil por sí sola, sino justamente porque no lo es. Mucho trabajo, paciencia, conversaciones y a menudo una sinceridad que duele en lo profundo fueron necesarios para llegar este año a una etapa segura donde no solo nos queremos, sino que estamos bien juntos. Donde ante el primer conflicto no entramos en pánico, sino que sabemos que estamos lo suficientemente comprometidos para trabajar juntos en la solución. Más allá de la atracción, apareció algo mucho más sólido: la certeza de que el otro es nuestro aliado.
Estoy agradecida también por mis amigas
Puedo contar con los dedos de una mano cuántas veces nos vimos, pero siempre nos buscamos. Escribimos, hablamos, nos recordamos que somos importantes. De adultas, esto ya no es automático, es una decisión consciente — y estoy agradecida de que todas la tomamos.

Estoy agradecida también porque mi hija empezó la escuela este año
Fue emocionante y aterrador a la vez, lleno de dudas y noches sin dormir. Aun así, siento una profunda gratitud por vivir en un lugar donde puedo elegir la escuela para ella. Priorizar su educación. Saber que aprenderá a escribir, leer y contar, y que podrá empezar el camino hacia la adulta que quiere ser. Esto no es algo garantizado en todas partes — y no lo olvido.
Una de las experiencias más impactantes del año fue una noche que quedó grabada para siempre en mí. Llegamos en ambulancia al hospital infantil porque mi hija no podía respirar. Ese miedo impotente me acompañará probablemente toda la vida. Pero de esa noche no solo quedó el terror, sino también la gratitud. Por poder pedir ayuda. Por la ambulancia que llegó. Por los medicamentos, la tecnología y el conocimiento. Por esos minutos en que mi hija suspiró aliviada y volvió a respirar. Es desgarrador pensar que hace no mucho esto no habría sido posible — y doloroso saber que hoy aún hay lugares donde no lo es.

A pesar de las dificultades, siento que es importante agradecer este año. Por los buenos momentos, las risas, el apoyo recibido y también por el trabajo que hice yo misma, muchas veces en silencio y sin que se note. Y cuyos frutos ahora siento.
No espero un año fácil. Pero confío en que 2026 traerá solo desafíos que, de alguna manera, podré superar. Y por los que luego podré mirar atrás con gratitud.











