Bien Logo

"No entendía por qué no podía cambiar": crecer en una familia tóxica deja huellas de adulto

Szőke Angéla5 min de lectura
Compartir:
"No entendía por qué no podía cambiar": crecer en una familia tóxica deja huellas de adulto — Familia
En este artículo

¿Alguna vez has sentido que repites, casi sin querer, los mismos errores que veías en casa cuando eras pequeño? No es casualidad.

Crecer en una familia disfuncional nos deja patrones que, muchas veces, ni siquiera reconocemos como aprendidos. Los arrastramos a nuestras relaciones, a nuestro trabajo y a la forma en que nos hablamos a nosotros mismos.

La buena noticia es que siempre es posible cambiar. Estas seis historias personales lo demuestran, y quizá reconozcas más de una en tu propia vida.

La que lo permite todo

Mis padres encarnaban el clásico esquema de "poli bueno, poli malo": un padre alcohólico e irresponsable, y una madre dulce y bondadosa. Podría haber sido peor —una compañera de clase tenía a los dos padres bebiendo—, pero incluso este reparto tiene su lado oscuro.

De niña veía a un marido problemático y a una esposa pasiva que nunca se iba, y que, sin quererlo, hacía posible el comportamiento dañino de su pareja. Mi madre siempre decía lo mismo:

"Tu padre no va a cambiar, y yo no lo voy a dejar."

Aprendí que eso era lo normal, y me convertí en esa misma clase de mujer. Aguanté muchísimo de parejas que no lo merecían en absoluto.

Atrapado en lo mismo

Mi padre odiaba su trabajo y se quejaba sin parar de que aquello lo deprimía, pero jamás buscó otro empleo. Yo también odio el puesto en el que estoy, pero me digo que así son las cosas: uno detesta su trabajo y punto. La vida es sufrimiento, y quien piense lo contrario es un ingenuo.

Entre trastos

Me crié con mi madre, que era acumuladora compulsiva. Apenas había espacio en nuestra pequeña casa; no cabíamos entre la cantidad de trastos que se negaba a tirar. Aun así, actuaba como si no fuera culpa suya. Suspiraba diciendo "qué mal se vive así", como si fuera víctima de las circunstancias.

Ahora, con 37 años, soy igual que ella y siento que cambiar es imposible. No vivo en un desorden físico, sino en un caos emocional, atrapada en una situación que podría cambiar, pero finjo que no puedo.

Si te reconoces en estas líneas, quizá te interese descubrir cómo influyen los estilos de apego en nuestras relaciones.

Herido por dentro

"¡Todo el mundo sabe que no eres tan listo como te crees!"

Eso me repetía mi padre, y la frase se me quedó grabada a fuego. Trabajo como mando intermedio en una multinacional, pero las palabras de mi padre me resuenan en la cabeza cada vez que le explico algo a alguien de mi equipo.

Es un freno interno que me impide dar el salto a un puesto más alto, y ahora voy a terapia para trabajarlo. Es como si temiera que, al ser más exitoso y "más listo" que él, estuviera traicionando a mi familia.

El miedo heredado

Mi madre era el ejemplo perfecto del progenitor ansioso. De pequeña tuve la oportunidad de viajar a Canadá, pero no me dejó ir: no quería ni oír hablar de que me subiera a un avión. Una vez llegó a cancelar una excursión de fin de semana porque vio en la tele que había habido un accidente en la carretera, y no nos dejó montarnos en el coche.

Yo no llego a esos extremos, pero, por ejemplo, no me atrevo a patinar sobre hielo con mis amigos por miedo a romperme la rodilla, así que me quedo con un vino caliente mientras ellos se deslizan por la pista. En Sicilia no me atreví a subir al Etna por temor a que el volcán entrara en erupción bajo mis pies, aunque me aseguraron que los sismólogos pueden predecir la actividad con al menos seis horas de antelación.

Durante mucho tiempo no entendía por qué no podía cambiar, pero en terapia descubrí que era la "herencia" de mi madre.

Causa y efecto

Mi padre bebía, aunque también tenía temporadas de sobriedad, y en esos momentos era el mejor padre del mundo. Pero el idilio nunca duraba: siempre volvía a la botella, y cada vez encontraba una justificación.

"Mi trabajo es horrible, normal que beba." "Me han despedido, menos mal que existe el alcohol." "Estoy hecho polvo, déjame relajarme con un trago." "Hoy me espera un día duro, necesito algo que me dé fuerzas."

Yo no bebo, pero fumo marihuana, y mi novia discute conmigo por eso a menudo. Y, sin embargo, yo también tengo siempre una excusa para liarme un porro. En mi cabeza la lógica es: ¿para qué dejarlo, si al final voy a recaer?

¿Se pueden cambiar los patrones aprendidos en la infancia?

Sí. Aunque una infancia en una familia disfuncional nos deja muchos hábitos difíciles de romper, todas estas historias muestran que el cambio siempre es posible, especialmente con apoyo profesional.

¿Por qué repetimos las conductas de nuestros padres sin darnos cuenta?

Porque de niños interiorizamos como "normal" lo que vemos en casa. Igual que la mujer que aguantaba parejas dañinas o quien odia su trabajo sin buscar otro, muchas veces reproducimos esos modelos sin cuestionarlos.

¿Cómo ayuda la terapia con estos patrones familiares?

La terapia permite reconocer de dónde vienen esos frenos internos. Como cuentan varios testimonios, ponerle nombre a un miedo heredado —ya sea la ansiedad o la sensación de no ser "suficiente"— es el primer paso para dejar de repetirlo.

Lecturas relacionadas

"Mi mujer no quiere el divorcio: quiere recuperar un poco de su vida" — Familia

"Mi mujer no quiere el divorcio: quiere recuperar un poco de su vida"

Un día me dijo que quería volver a encontrarse a sí misma. Lo que pasó después cambió para siempre mi forma de entender el matrimonio.

Szőke Angéla
Si siempre eres el culpable de la familia, tu orden de nacimiento tiene la respuesta — Familia

Si siempre eres el culpable de la familia, tu orden de nacimiento tiene la respuesta

Según los psicólogos, el lugar que ocupas entre tus hermanos influye mucho más de lo que crees en el papel que te tocó dentro de la familia.

Váradi Petra
¿Te da vergüenza sentarte solo en una cafetería? Esto es lo que la gente realmente piensa de ti — Estilo de vida

¿Te da vergüenza sentarte solo en una cafetería? Esto es lo que la gente realmente piensa de ti

Sientes que todos te miran cuando estás solo en un café, pero la psicología revela que casi nadie te presta atención. Se llama efecto foco.

Farkas Izabella
No me convertí en quien imaginaba a los 20 años, y hoy lo agradezco — Estilo de vida

No me convertí en quien imaginaba a los 20 años, y hoy lo agradezco

Si pudiera hablar con mi yo de 20 años, casi nada de lo que planeó se cumplió. Y hoy, en lugar de entristecerme, siento un enorme alivio.

Schuster Borka
5 señales de que deberías escuchar más a tu intuición — Estilo de vida

5 señales de que deberías escuchar más a tu intuición

Tu voz interior no siempre grita, pero suele acertar. Estas 5 señales revelan que ha llegado el momento de prestarle más atención en tus decisiones.

Schuster Borka
3 cosas que me enseñó mi hija y que me hicieron mejor persona — Familia

3 cosas que me enseñó mi hija y que me hicieron mejor persona

Antes de ser madre creía saber cómo funcionaba el mundo. Pero mi hija me enseñó tres lecciones que, sin darme cuenta, me convirtieron en mejor persona.

Schuster Borka