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No politizar es un lujo que no podemos permitirnos ahora

Schuster Borka3 min de lectura
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No politizar es un lujo que no podemos permitirnos ahora — Ocio

Hace poco compartí una opinión en mis redes sociales. Hablaba de que el gobierno debe asumir la responsabilidad por el destino de los bebés abandonados en los hospitales. En una sociedad, la responsabilidad de los líderes y tomadores de decisiones no termina en las partidas presupuestarias ni en las ruedas de prensa: también implica proteger a los más vulnerables, actuar en su nombre y hacer todo lo posible por su bienestar y seguridad. Personas que no tienen voz, ni opción, ni a dónde ir.

Tras compartirlo, recibí varios mensajes. Afortunadamente, ninguno decía que el tema no fuera importante. Tampoco hubo quien negara que es un problema real. Pero varios me pidieron “por favor, no politices”. Amigos, conocidos o seguidores me dijeron que la política les agota, que está en todas partes, y que ya no quieren oír más sobre eso.

Y lo entiendo de verdad. De corazón.

Entiendo que es emocionalmente agotador. Que uno se vuelve insensible con el tiempo, porque hay demasiadas noticias indignantes, pocas soluciones, y a menudo esa sensación paralizante de que no depende de uno. También sé que a veces preferimos escapar del conflicto constante. Que sería más cómodo ver recetas, fotos de viajes o videos divertidos, y creer que el mundo sigue adelante sin nosotros.

Pero no creo que podamos permitirnos ese lujo.

Porque mientras bebés abandonados lloran solos en las camas de hospital, ¿cómo podríamos quedarnos callados solo porque es más cómodo ver contenido alegre en Instagram? ¿Cómo pensar que tenemos ese derecho? ¿Que nuestro confort es más importante que la vida y seguridad de quienes dependen literalmente de nosotros?

No creo que debamos vivir con culpa constante. Ni que solo debamos hablar de política. No creo que cada publicación tenga que ser un manifiesto. Pero sí creo que no politizar —especialmente en estas situaciones— es un privilegio. Un privilegio que solo pueden permitirse quienes no sufren directamente las consecuencias de las decisiones. Pero no creo que ninguno de nosotros sea así, porque todos somos parte de una comunidad: lo que afecta a uno, afecta a todos.

Tu voto es tu voz

Vivir en democracia no es solo un derecho. Es también una responsabilidad. Significa que todos estamos sentados en esa mesa, aunque no tomemos todas las decisiones. Significa que lo que ignoramos, lo consentimos en silencio. Por eso, callar no es neutral, es tomar partido.

Tampoco disfruto esto. No es mi tema favorito. Sería mucho más fácil no involucrarme, no discutir, evitar conversaciones incómodas o mensajes molestos. Pero si vivimos en democracia —y así es—, todos tenemos la responsabilidad de decidir hacia dónde va este país. De decidir a quién dejamos solo y por quién estamos dispuestos a alzar la voz.

Puede ser agotador. Puede ser incómodo. Pero hay momentos en que el costo de callar es mucho mayor que el de hablar. Y yo no quiero vivir en una sociedad que se tapa los oídos solo para no escuchar el llanto de los niños.

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