Imagina que llega el primer resfriado del invierno, o simplemente un día largo y agotador, y en tu despensa te espera un té que preparaste con tus propias manos. No es un sueño lejano: todo empieza ahora, a finales del verano.
Estas cinco plantas tienen algo en común y a la vez son muy distintas: cada una ofrece algo diferente. Hay una antiinflamatoria, otra diurética, una que refuerza las defensas y otra que calma el sistema nervioso. Veamos cuándo y cómo aprovechar cada una.
Milenrama, la cicatrizante que crece en cualquier rincón
Los tallos floridos de la milenrama se cosechan mejor en agosto, cuando las umbelas blancas o de un rosa pálido ya están completamente abiertas pero aún no han empezado a oscurecerse.
Recógela en una mañana seca y soleada, sin rastro de rocío: un tallo húmedo se enmohece con facilidad durante el secado. Lo ideal es cortar los extremos floridos en trozos de 15 a 20 cm (unas 6 a 8 pulgadas), atarlos en pequeños ramilletes y colgarlos boca abajo en un lugar sombreado y ventilado.
En la tradición herbolaria lleva siglos siendo un ingrediente de los tés que ayudan a la digestión y a frenar pequeñas hemorragias. En invierno, una taza caliente de milenrama es una buena aliada tras un día de comidas pesadas.
Cola de caballo, el tesoro mineral de siempre
Los tallos verdes y ramificados de la cola de caballo conviene recogerlos también hasta mediados de agosto, antes de que la planta empiece a endurecerse.
Corta los tallos frondosos unos centímetros por encima del suelo y sécalos en una capa fina, extendidos sobre papel o un paño de cocina limpio. Dales la vuelta a menudo para que no se enmohezcan.
Por su alto contenido en sílice y minerales, la cola de caballo se ha ganado un lugar en las mezclas de té pensadas para el cabello y las uñas, así como en las infusiones que suelen tomarse para aliviar la carga invernal sobre los huesos y los tejidos conectivos.
Bayas de saúco, el clásico refuerzo inmunitario del invierno
La flor del saúco se recolecta ya en junio y julio, pero las bayas maduran justo a finales de agosto y principios de septiembre, hasta volverse de un negro brillante.
Solo deben recogerse los frutos completamente maduros y oscuros: las bayas verdosas e inmaduras pueden sentar mal si se consumen crudas. Lo mejor es cortar los racimos y luego desprender las bayas del tallo, porque ni el tallo ni las hojas son aptos para el consumo.
Seca las bayas limpias en una capa fina, o termina de secarlas en el horno a baja temperatura con la puerta entreabierta, para asegurarte de que no queda ni rastro de humedad.
El saúco negro es la base de los jarabes y tés más populares del invierno; en muchos hogares es ahora cuando arranca la temporada de hacer jarabe casero.
Hipérico, la planta del sol que también cuida el ánimo
Las flores amarillas del hipérico o hierba de San Juan conviene recogerlas a principios o mediados de agosto, antes de que empiecen a marchitarse.
Hay un truco infalible: al frotar una flor fresca entre los dedos aparece un característico pigmento rojo. Esa señal indica que la planta está en su punto óptimo de principios activos.
Ata los extremos floridos en pequeños manojos y sécalos en un lugar sombreado y con corriente de aire, siempre evitando el sol directo, que decolora las flores y estropea su calidad. El hipérico se ha usado tradicionalmente en tés y aceites asociados a los días más cortos y oscuros, cuando el estado de ánimo también pide un poco más de atención.
Manzanilla, la base del té relajante de la noche
Aunque la manzanilla suele empezar a recogerse a principios de verano, los brotes tardíos de agosto todavía dan mucho de sí, mientras el arriate aguante la recolección.
Las cabezuelas aromáticas y en forma de seta se recogen mejor cuando los pétalos blancos empiezan a inclinarse ligeramente hacia abajo: esa es la señal de que el contenido de aceite esencial está en su punto máximo.
Sécalas en una capa fina, en un sitio sombreado y bien ventilado, cuidando de que no se apelmacen, porque la humedad enmohece fácilmente el interior de las flores. La manzanilla es la elección más habitual como té de la noche o como vahos, cuando lo único que apetece es calmarse después de un día largo.
Cómo guardarlas una vez secas
Con las cinco plantas ocurre lo mismo: el secado está listo cuando los tallos y las flores se rompen con un chasquido seco en lugar de doblarse.
A partir de ahí, lo mejor es guardarlas en frascos de vidrio oscuros y herméticos o en bolsas de papel, etiquetados con el nombre y la fecha, porque una vez secas las distintas plantas se confunden con facilidad.
En una despensa fresca, seca y protegida de la luz, conservan su aroma y sus propiedades hasta un año. Así, cuando llegue el frío, tendrás a mano tu pequeña farmacia casera.
¿Cuándo es el mejor momento para recoger estas plantas?
La mayoría se recolecta a lo largo de agosto: la milenrama, la cola de caballo y el hipérico hasta mediados de mes, y las bayas de saúco entre finales de agosto y principios de septiembre.
¿Cómo sé que una planta está bien seca?
Cuando los tallos y las flores se rompen con un chasquido seco y ya no se doblan, el secado está terminado y la planta lista para guardar.
¿Cuánto tiempo se conservan una vez secas?
Guardadas en frascos oscuros herméticos o bolsas de papel, en un lugar fresco, seco y sin luz, mantienen su aroma y sus propiedades hasta aproximadamente un año.
¿Por qué hay que etiquetar cada planta?
Porque una vez secas las distintas hierbas se parecen mucho y se confunden con facilidad. Anotar el nombre y la fecha te evita sorpresas al abrir el frasco en invierno.











