Una primera cita siempre es un terreno incierto. Todos intentamos mostrar nuestra mejor versión mientras, por dentro, nos ronda la misma pregunta: ¿esto es real, es un juego, o habrá una segunda parte?
A veces, sin embargo, la noche toma un rumbo que nadie habría imaginado. Estas tres historias son la prueba de que la realidad supera a cualquier guion.
"Pensé que bromeaba cuando me dijo que ya había reservado un fin de semana"
"Conocí a P. en una app de citas", cuenta Ana, de 31 años. "La primera conversación fue completamente normal, de hecho bastante buena. Estuvimos escribiéndonos unos días y luego me propuso vernos.
La cita fue en una cafetería y todo empezó bien. Después del segundo café, sacó el móvil y dijo que quería enseñarme algo. Pensé que sería una foto de un viaje o algo así.
En cambio, era una reserva de hotel. Un fin de semana entero en un balneario. Me miró y me soltó: 'He pensado que, como nos llevamos tan bien, ya lo he reservado para los dos.'
Al principio me reí. Creí que tenía un humor raro, o algo por el estilo. Pero él no se reía. Ahí estaba yo, intentando actuar como si aquello fuera de lo más normal mientras en mi cabeza ya buscaba la salida más cercana. Le dije que iba demasiado rápido para mí. Su única respuesta fue: 'Pues la decisión ya la he tomado por ti.' La cita terminó justo ahí."
"Me dijo que no había venido solo"
"Nos conocimos en una app y quedamos por primera vez en un bar", dice Gabriel, de 28 años. "La conversación fluía muy fácil, sin tensiones. Pero, al sentarnos, noté que alguien nos miraba de vez en cuando desde la barra.
Le pregunté si lo conocía. Me contestó: 'No, solo está observando.' Me reí, porque pensé que era una broma.
Unos minutos después, el chico de la barra se acercó y se sentó a nuestro lado. Mi cita lo presentó: 'Es mi pareja.' Por un instante no entendí a qué se refería.
Resultó que para ella aquello no era una cita, sino que a su pareja le gusta ver cómo otros hombres se le insinúan. Le dije que soy la última persona que juzgaría a alguien por sus gustos, pero que quizá habría estado bien preguntarme antes si yo también quería participar, porque sinceramente, habría preferido no perder mi tiempo. Me levanté, me fui, y borré la app del teléfono durante unos cuantos meses."
"Esto ni siquiera es una cita"
"Un compañero de trabajo me invitó a cenar", cuenta Raquel, de 33 años. "Me hizo mucha ilusión, porque llevábamos tiempo llevándonos genial y pensé que por fin daríamos el paso a una cita de verdad.
La noche fue muy agradable, nos reímos muchísimo, todo parecía de lo más natural. Y de repente, con el postre, me dijo: 'Por cierto, para que quede claro: esto no es una cita.'
Me explicó que para él solo había sido una cena, porque 'necesitaba desconectar un poco del trabajo'. Sentí cómo toda la situación se reorganizaba de golpe. Lo que hasta entonces había creído una cita romántica pasó, con efecto retroactivo, a ser una simple cena.
Lo más extraño fue que, después de aquello, siguió la conversación exactamente igual, como si no hubiera pasado nada. Yo, en cambio, ya no pude volver a la versión en la que aquello era solo una velada entre amigos."
¿Por qué una primera cita puede resultar tan incómoda?
Porque cada persona llega con expectativas distintas y no siempre las expresa. Como muestran estas historias, lo que para uno es un plan romántico para el otro puede ser algo completamente diferente.
¿Qué hacer si la otra persona va demasiado rápido?
Lo mejor es decir con claridad que necesitas más tiempo, tal como hizo Ana al confesar que aquello iba demasiado deprisa. Poner límites desde el principio te protege.
¿Es normal sentirse confundido después de una cita rara?
Sí. Como le pasó a Raquel, descubrir que la otra persona no veía el encuentro igual que tú puede reorganizar toda la situación de golpe y dejarte con una sensación difícil de sacudir.











