Una primera cita siempre viene cargada de expectativas. Todos queremos dar la mejor imagen posible mientras, en secreto, intentamos averiguar si valió la pena arreglarse y salir de casa por esta persona.
Hay citas después de las cuales cruzamos los dedos para que la otra persona también quiera repetir. Hay otras en las que consultamos con nuestras amistades si merece la pena dar una segunda oportunidad. Y luego están esas situaciones en las que queda absolutamente claro que no queremos volver a vernos jamás.
Aquí van tres historias de citas que quedaron grabadas para siempre en la memoria de quienes las vivieron, pero no precisamente por el romanticismo.
"De repente, su ex se sentó con nosotros"
"Habíamos quedado en un bar de vinos", cuenta Sofía, de 30 años. "La primera media hora fue realmente genial. Nos reímos muchísimo, teníamos un montón de temas en común y ya empezaba a pensar que de ahí podía salir algo.
De pronto, una mujer se acercó a nuestra mesa. La cara de mi cita se puso pálida en un segundo. La mujer preguntó si podía sentarse un momento y, antes de que yo pudiera decir nada, ya estaba arrastrando la silla.
Resultó que era su ex. Y no vino a montar una escena. Eso quizá habría sido menos incómodo. Con una sonrisa, empezó a contarme lo romántico que había sido él al principio de su relación y, uno tras otro, me fue enseñando en el móvil las fotos de sus vacaciones juntos… de la semana anterior.
Mi cita solo estaba ahí sentado, deseando claramente que se lo tragara la tierra. Al final, la mujer se levantó, me sonrió y soltó un simple: 'Mucha suerte'.
No tengo ni idea de qué pasaba entre ellos, ni de si los dos estaban igual de mal de la cabeza, pero de una cosa sí estaba segura: fuera lo que fuese ese lío, yo no quería meterme más en él."
"En la mesa de al lado estaban sus padres"
"Quedamos por primera vez en un restaurante", cuenta Carla, de 27 años. "Al principio de la noche noté que mi cita miraba de vez en cuando hacia atrás de forma un poco rara, pero no le di mayor importancia.
Unos cuarenta minutos después, se acercó a nuestra mesa una pareja mayor. El hombre le dio una palmada en el hombro a mi cita y la mujer me repasó de arriba abajo. Ahí fue cuando descubrí que sus padres habían estado cenando todo el rato en la mesa de al lado. Y no por casualidad.
Querían "echar un vistazo discreto" a con quién salía su hijo. Debieron de quedar satisfechos, porque decidieron que, tras la inspección a distancia, ya era hora de conocerme en persona. Antes de que pudiera parpadear dos veces, la madre se sentó a mi lado y me preguntó si pensaba tener hijos. El padre, mientras tanto, quiso saber si tenía piso propio.
Mi cita intentó frenarlos un poco, pero sinceramente, el simple hecho de que supiera que sus padres nos vigilaban desde la mesa de al lado y le pareciera bien fue motivo más que suficiente para que saliera corriendo."
Estas situaciones nos recuerdan lo delicado que es el equilibrio entre familia y pareja: si te interesa el tema, quizá te resulte útil saber cómo las redes sociales influyen en nuestras relaciones.
"En el postre, sacó una carpeta sobre mí"
"Nos conocimos en una app de citas", dice Bruno, de 32 años. "Parecía una mujer muy inteligente, teníamos muy buenas conversaciones online, así que me alegré de conocerla por fin en persona.
Pero al terminar la cena sacó del bolso una carpeta de plástico transparente y, como si fuera lo más natural del mundo, me dijo sonriendo: 'Antes de seguir conociéndonos, me gustaría aclarar algunas cosas'.
Dentro de la carpeta había fotos impresas mías. Viejas fotos de Facebook, la lista de resultados de una carrera de hace diez años, una entrevista que había dado en la universidad e incluso un perfil de LinkedIn mío que llevaba años sin actualizar.
Tenía preguntas sobre mi carrera y sobre con quién había viajado de vacaciones y cuándo, pero esas ya no me quedé a escucharlas. Pedí la cuenta y me marché tan rápido como pude.
Cuando llegué a casa, lo primero que hice fue repasar la configuración de privacidad de todas mis redes sociales."
¿Por qué estas primeras citas se volvieron tan incómodas?
En los tres casos, algo rompió por completo la sensación de confianza y de intimidad que debería tener un primer encuentro: la aparición de una ex, la vigilancia de los padres o una investigación previa poco discreta.
¿Qué señales de alarma aparecen en estas historias?
Que la otra persona acepte con normalidad situaciones incómodas —como que sus padres los observen o que su ex se siente a la mesa— suele ser una señal clara de que algo no encaja para quien busca una relación sana.
¿Es normal buscar información online sobre tu cita?
Echar un vistazo rápido antes de un encuentro es habitual, pero llegar con una carpeta de fotos impresas y datos recopilados, como en la tercera historia, cruza claramente la línea de lo cómodo.
¿Qué podemos aprender de estas citas inolvidables?
Más allá del humor, estas anécdotas recuerdan la importancia de sentirse a salvo y respetado desde el primer momento, y de no ignorar esa vocecita interior que nos dice cuándo es hora de salir corriendo.











