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«Solo quedaron mensajes corteses.» - No todas mis amistades sobrevivieron a ser mamá

Szabó Erzsébet4 min de lectura
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«Solo quedaron mensajes corteses.» - No todas mis amistades sobrevivieron a ser mamá — Familia
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Cuando vi esas dos rayas hace más de 10 años, pensé que sabía más o menos qué me esperaba. ¡Qué equivocada estaba, madre mía!

Pero no solo tenía ideas erróneas sobre la maternidad: no esperaba que los años que venían también iniciarían un silencioso "inventario de relaciones". Pensaba que, junto a mi pareja, mis amistades serían puntos firmes e inquebrantables en mi vida, apoyándome en cualquier situación. Pero convertirme en madre dejó claro que no siempre es así.

Y antes de que pienses que todo esto pasó porque ahora solo hablaba de pañales, parto y falta de sueño, nada que ver. Cambié, claro —¿quién no cambia?—, pero curiosamente fueron mis amigos sin hijos quienes se mantuvieron más firmes a mi lado.

Cuando la apertura es unilateral

Tenía una amiga que se convirtió en mamá unos años antes que yo. Pensé que me tomaría de la mano para entrar en este nuevo mundo. Esperaba contar con su experiencia, consejos y su presencia comprensiva. Creía que ahora hablaríamos un idioma aún más común y que esta etapa nos acercaría más. Pero pronto descubrí que compartir la misma etapa no basta para mantener una relación.

Mientras yo buscaba, preguntaba por ella, iba a verla y organizaba encuentros, todo funcionaba.

Dos amigas sentadas en un sofá conversando

Pero cuando llegó el momento de que ella también se acercara, preguntara y mostrara interés por mí, todo se silenció. No hubo conflicto abierto ni resentimientos, nadie dijo nada hiriente. Simplemente las pausas se hicieron más largas y las respuestas más escasas.

No estamos enemistadas; cuando nos vemos, siempre hay alguna broma que solo nosotras entendemos. Pero, a pesar de haberlo sabido casi todo la una de la otra, hoy ya no contamos mutuamente. Hubo un tiempo en que estuvimos en todo: rupturas y bodas, duelos y alegrías. De esta relación aprendí que el pasado compartido no garantiza que sigamos juntas en el presente. A veces no pasa nada visible, pero algo que antes era natural se desvanece.

La ilusión de los bebés de la misma edad

Otra amistad terminó de forma muy distinta. El embarazo fue emocionante porque casi al mismo tiempo dimos positivo y parimos con solo una semana de diferencia. Estábamos seguras de que era el plan perfecto. Planeamos paseos juntos, hitos compartidos y que nuestras hijas serían mejores amigas.

Pero la realidad fue mucho más terrenal. Cada una se sumergió en su propio mundo. Ritmos distintos, adaptarse a nuestros hijos, cansancio o simplemente el esfuerzo de sobrevivir al cambio… No tuvimos tiempo ni energía para prestarnos atención ni salir de nuestro círculo.

Vivíamos en dos mundos paralelos que, aunque en teoría eran iguales, nunca se cruzaron. Cuando nos dimos cuenta, las conversaciones profundas se habían convertido en mensajes corteses. Hoy sonreímos y hablamos si nos cruzamos, pero esa cercanía que dimos por segura se esfumó sin darnos cuenta.

Fiesta prenatal con amigas rodeando a una mujer embarazada

Lo que quedó y lo que abrió espacio para lo nuevo

La maternidad me mostró sin filtros que la amistad no sobrevive solo por compartir etapa, sino por la intención común. Por querernos en la vida incluso cuando es incómodo, estamos cansadas o no es el momento ideal.

Como suele pasar, mientras algunas relaciones se apagaban, otras nuevas surgieron. Me acerqué a personas con quienes antes solo nos saludábamos y también permanecieron los viejos conocidos que siempre estuvieron conmigo.

Ellos me enseñaron que la amistad no depende necesariamente de la misma etapa de vida.

Ya no creo que toda amistad deba durar para siempre, aunque compartamos rasgos, experiencias o un pasado inalterable. Todos cambiamos y algunos solo nos acompañan en un tramo. No es un fracaso, sino el curso natural de la vida.

No guardo resentimiento por las amistades que no sobrevivieron a mi maternidad o a estos años; al contrario, recuerdo con cariño lo que me dieron. Y agradezco la experiencia porque ahora dejo entrar con más conciencia a quienes realmente pueden estar presentes en mi vida, en esta etapa, en esta versión de mí.

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