Se dice a menudo que la felicidad es una elección, y para muchos, la infelicidad también lo es.
Comparaciones
Un dicho inglés dice que compararse es robar la alegría, y es verdad. La persona resignada tiende a comparar su vida con la de otros, lo que garantiza frustración, porque siempre habrá alguien más joven, exitoso, con una casa más grande o un coche mejor.
Dentro de la zona de confort
Quienes están siempre preocupados rara vez salen de su zona de confort. Es poco común que se fijen nuevas metas y suelen evitar los desafíos. El deseo real de cambio es clave para crecer, pero a ellos les falta. Esto puede deberse a la llamada "indefensión aprendida": aunque haya oportunidad de cambiar, no la aprovechan porque creen que no lo lograrán.
Inactividad
La mayoría de las personas infelices no se alimentan bien y llevan una vida sedentaria. En la película Dr. Tupper, Reese Witherspoon dice que “el ejercicio libera endorfinas y las personas felices no matan a sus maridos”. Quienes están crónicamente malhumorados no hacen ejercicio para mover su cuerpo ni socializan, y tampoco disfrutan de la naturaleza con caminatas. Si lo hicieran, probablemente estarían más satisfechos con su vida.
Mirando al pasado
“¡Antes todo era mejor!”
Este es el lema de muchos infelices, porque viven anclados en el pasado. Extrañan su rostro joven, su cuerpo delgado y lamentan glorias pasadas. También recuerdan malos momentos, quejándose de las injusticias de la vida. Son pesimistas con el futuro y no disfrutan el presente.

El mártir eterno
Todos conocemos a alguien así. Es quien siempre termina en situaciones malas. Predice lo negativo para poder quejarse, y cuando esas predicciones se cumplen, como una profecía autocumplida, se siente justificado. Este tipo vive para estar insatisfecho y si algo bueno sucede, encuentra la forma de criticarlo.
Sin perdón
No puede perdonar. Lleva cargas emocionales y resentimientos del pasado que nunca suelta. Nunca entierra el hacha de guerra, por lo que sus problemas permanecen sin resolver.
Promotor de drama
La persona amarga tiende a crear drama cuando no hay. Así, “exitosamente” aleja a todos, lo que le da más motivos para quejarse.

La responsabilidad
Nunca admiten sus errores. No asumen responsabilidad por nada y siempre culpan a otros. Su foco está en los agravios y creen que el mundo es injusto con ellos, algo de lo que no se consideran responsables.
Lluvia de quejas
Se concentran solo en lo negativo. Buscan problemas, los exageran (y minimizan lo bueno) y se quejan con quien los escuche. Son pesimistas eternos que esperan siempre lo peor.
En posición de víctima
Se observa que estas personas suelen adoptar una mentalidad de víctima. Se sienten impotentes y culpan a otros o a las circunstancias por sus emociones, acciones y situación. No hacen mucho (o nada) para salir de ese estado, porque la mentalidad de víctima implica enfocarse en quejarse, no en buscar soluciones.











