Una entrevista de trabajo ya pone nervioso a cualquiera. Pero hay conversaciones que se descarrilan tan rápido que el candidato termina deseando no conseguir el puesto.
Estas tres historias reales lo demuestran: a veces el que debería impresionar es quien está al otro lado de la mesa.
"La de recursos humanos lloró antes que yo"
"Fui a una entrevista en una agencia de marketing mediana", empieza Dora, de 29 años. Aquella mañana estaba pasando por un momento personal complicado y hasta lloró un rato en la cama antes de salir. Pero se recompuso, se puso un traje sencillo y decidió dar lo mejor de sí misma. Por desgracia, quien la entrevistó no estaba tan centrada.
"Ya era raro que hubiera velas encendidas en la sala de reuniones. La mujer de recursos humanos era muy amable, demasiado amable. Después de la primera pregunta —por qué quería cambiar de trabajo— empezó a llorar.
Me dijo: 'Perdona, es que me recuerdas mucho a alguien que nos dejó'. Pensé que era una metáfora. No lo era.
Durante los siguientes diez minutos, prácticamente me contó su propia ruptura, su conflicto con el jefe de la empresa y que 'ya no confiaba en nadie'. Y yo ahí sentada, intentando reconducir la conversación hacia el puesto.
Al segundo minuto ya solo pensaba: ojalá no me contraten. Al final ni siquiera me llamaron, pero sinceramente, tampoco habría ido a trabajar allí después de aquello."
"El jefe suspendió su propia entrevista"
"Me presenté a un puesto junior en una empresa de tecnología", cuenta Marc, de 24 años, que acababa de terminar la carrera.
"Los primeros cinco minutos fueron normales, hasta que entró el director. Su primera frase fue: 'No suelo hacer entrevistas, porque normalmente decido al instante.'
A partir de ahí me soltó un discurso entero sobre su propia empresa. Le pregunté algo sobre el equipo y me contestó: 'El equipo es un concepto sobrevalorado.'
Después me preguntó cuánto creía yo que debería ganar. Le dije una cifra y se rió a carcajadas: 'Qué mono.'
Al final de la conversación, prácticamente era yo quien lo estaba entrevistando a él sobre por qué debería trabajar allí, y no consiguió convencerme. Lo más raro es que él lo veía todo completamente normal."
Si crees que estas situaciones son casos aislados, quizá te sorprenda descubrir cuántos trabajos ponen tus nervios a prueba cada día.
"Al final descubrí que no era ese el puesto"
"Me apunté a un puesto de asistente financiera y me citaron a una entrevista online", relata Anita, de 33 años.
"Desde el principio me chocó que las preguntas fueran tan genéricas y que apenas hablaran de finanzas. Todo giraba en torno a cómo manejo el estrés y qué opino sobre la 'jerarquía'.
Entonces, de repente, la de recursos humanos me preguntó si 'estaba abierta a un área completamente nueva'.
Le dije que dependía de a qué se refería.
Y ahí salió la verdad: en realidad era un puesto de atención al cliente, a turnos, tipo call center, y cuando lo anunciaban así, no se apuntaba nadie.
Lo más surrealista fue que, cuando les dije que yo no me había presentado a ese trabajo, me respondieron: 'Es que queríamos ver tu personalidad, no tus prejuicios.'
Estupendo, pensé. Pero yo lo que quería ver era el puesto por el que había ido hasta allí."
¿Es normal sentirse tan incómodo en una entrevista de trabajo?
Sí. Como muestran estas historias, a veces el problema no está en el candidato, sino en la forma en que la empresa gestiona la entrevista. Una mala experiencia no significa que hayas fallado tú.
¿Qué hago si el entrevistador se comporta de forma extraña?
Mantén la calma e intenta reconducir la conversación hacia el puesto, como hicieron los protagonistas de estas historias. Y recuerda que la entrevista también te sirve a ti para decidir si quieres trabajar allí.
¿Puede una entrevista revelar que el puesto no es el que anunciaban?
Como demuestra el caso de Anita, sí puede ocurrir. Por eso conviene hacer preguntas concretas sobre las tareas y las condiciones antes de comprometerte con nada.
¿Vale la pena aceptar un trabajo tras una mala entrevista?
La forma en que te tratan en la entrevista suele ser un adelanto de cómo será trabajar allí. Como reconocían estos candidatos, a veces la mejor decisión es no seguir adelante.











