Hay un cajón en casi todas las casas donde la plata va perdiendo la discusión: una cadena fina enredada, unos pendientes que ya no son plateados sino grises, el anillo que te regalaron y que llevas meses sin ponerte porque "está feo". Lo bueno es que la plata casi nunca está estropeada, solo oscurecida. Y recuperarla es cuestión de diez minutos y de no hacerle las cosas que todo el mundo recomienda sin pensar.
Por qué se pone negra aunque no la uses
La plata reacciona con los compuestos de azufre que hay en el aire y forma una capa oscura en la superficie. No es suciedad, es una reacción química, y por eso una cadena guardada en un joyero cerrado se oscurece igual que una que llevas puesta. Lo que acelera el proceso es la humedad y el contacto con cosas cotidianas: perfume, laca, cremas, geles, el vapor del baño, el sudor, los productos de limpieza. De ahí que el cuarto de baño sea el peor sitio posible para guardar joyas, por muy cómodo que resulte dejarlas junto al lavabo.
También influye el tipo de pieza. La plata de ley suele oscurecerse de forma uniforme y se recupera bien. Las piezas bañadas en plata, en cambio, tienen una capa finísima encima de otro metal: cualquier método abrasivo se la lleva por delante y aparecen manchas doradas o rojizas que ya no vuelven. Por eso conviene empezar siempre por lo más suave.






