Permiso para abandonar libros (y para leer cosas fáciles)
Muchas lectoras que se han quedado bloqueadas lo están por culpa de un libro concreto. Uno importante, de esos que aparecen en todas las listas de imprescindibles, que empezaste con la mejor intención y que ahora vigila desde la mesilla como un examen pendiente. Mientras ese libro siga abierto, no vas a empezar otro, y como tampoco vas a terminar ese, no vas a leer nada.
Cierra ese libro. Devuélvelo a la estantería sin ceremonia. Un libro abandonado no es un fracaso, es información sobre el momento en el que estás. Y elige a continuación algo francamente disfrutable: una novela con trama, un ensayo corto, relatos, novela negra, cómic, memorias. El objetivo de estas primeras semanas no es cultivarte, es recuperar la sensación física de estar dentro de una historia. Lo demás llega solo.
Anclar la lectura a algo que ya haces
Los hábitos nuevos se sostienen mal en el aire y muy bien pegados a otros. Piensa en un momento fijo de tu día y engancha ahí diez o quince minutos: el café de la mañana antes de que se despierte nadie, el trayecto en transporte público, la media hora del parque mientras los niños juegan, los quince minutos antes de apagar la luz.
Deja el libro físicamente en ese sitio. En el bolso, en la cocina, encima de la almohada. La fricción manda: si tienes que ir a buscarlo, no lo lees.
Y si tu cabeza es de las inquietas, prueba trucos que a mí me funcionan: leer de pie o caminando por casa unas páginas, subrayar aunque el libro no lo pida, escribir dos líneas al terminar cada capítulo, o alternar dos libros muy distintos para saltar entre ellos en lugar de saltar al móvil. Poner música instrumental de fondo también ayuda a algunas personas a fijar la atención. No hay una manera correcta de leer.





