El ajuste vale más que el tejido
Una prenda de precio medio bien ajustada gana siempre a una cara que te queda larga de manga o ancha de hombro. Las intervenciones que más cambian el resultado son muy concretas: subir el bajo del pantalón para que caiga justo donde debe según el zapato, ajustar el ancho de la manga de una blazer, estrechar ligeramente la cintura de una falda, acortar las mangas de un abrigo para que asome un dedo de camisa. También funciona al revés: respetar el volumen cuando la prenda está diseñada para ser amplia, y entonces compensar con algo ceñido abajo o arriba. Y un detalle doméstico que no cuesta nada: cambiar los botones de plástico brillante de una chaqueta por otros mates de asta o nácar transforma la prenda en diez minutos.
El cuidado es la mitad del efecto
La ropa que parece cara es, sobre todo, ropa que parece cuidada. Un quitapelusas eléctrico, un cepillo para la lana, perchas anchas para las chaquetas y un buen vaporizador hacen más por tu imagen que una compra nueva. Los jerséis de punto se guardan doblados, nunca colgados, para que no se deformen los hombros. Los abrigos necesitan un cepillado a contrapelo al final del día para quitar polvo y pelusa. Las camisas de algodón piden un planchado real en cuello y puños, que son las zonas que se ven. Y los zapatos limpios, con el tacón en buen estado, elevan cualquier conjunto: unos zapatos desgastados delatan más que cualquier etiqueta.






