Usar protector solar se ha convertido, por fin, en un gesto natural para muchos. Y esa es una buena noticia. El problema es que casi todos dejamos sin cubrir una o dos zonas, no por descuido, sino porque sencillamente no se nos ocurre.
Las fórmulas actuales son ligeras, agradables al tacto y mucho más fáciles de integrar en la rutina diaria que antes. Aun así, hay puntos del cuerpo que quedan olvidados una y otra vez. Y merece la pena prestarles atención, porque la quemadura solar y el daño a largo plazo no aparecen solo donde esperas.
Los labios
Los labios son una de las zonas más olvidadas, a pesar de ser también una de las más vulnerables. La piel de los labios es alrededor de un 82 % más fina que la del resto de la cara y apenas contiene melanina, el pigmento que protege la piel de forma natural frente al sol. Esto significa que la radiación ultravioleta llega casi sin obstáculos a las capas más profundas.
Según los dermatólogos, los labios son especialmente propensos a sufrir alteraciones cutáneas, en parte precisamente porque a casi nadie se le pasa por la cabeza que también necesitan protección. Tampoco ayuda que mucha gente dé por hecho que el pintalabios o el brillo son suficientes, cuando por sí solos no ofrecen ninguna protección UV, salvo que se indique expresamente en el envase.
Los bálsamos labiales con SPF ya funcionan hoy como cosméticos por derecho propio: los hay con un ligero tinte translúcido, en versión hidratante y también totalmente invisibles. No hace falta nada especial, basta con un bálsamo labial de al menos SPF 30 que reapliques a lo largo del día, sobre todo después de comer y de beber. Es ese tipo de producto que conviene llevar siempre en el bolso, porque es el que más veces hay que renovar.
Los pies
Cuando alguien te dice que te apliques protector de la cabeza a los pies, lo dice literalmente. El empeine es una de las zonas más expuestas, porque en verano mira directamente hacia el sol, y aun así casi todo el mundo se olvida de él. Según un dermatólogo, el dorso del pie es uno de los puntos que más se queman en verano, y no por casualidad: recibe radiación directa y prolongada mientras tú simplemente paseas, tomas el sol o descansas en la terraza.
La zona entre los dedos y alrededor del tobillo también merece atención, porque suele quedar sin cubrir. Además, un pie quemado resulta doblemente molesto, porque las tiras de las sandalias y los bordes del calzado rozan justo donde la piel está más sensible, provocando un malestar que puede durar días.
No necesitas un producto especial: el protector corporal de siempre sirve perfectamente. El formato en espray resulta especialmente práctico, porque se aplica rápido y de manera uniforme, y ni siquiera tienes que agacharte.
Detrás de las orejas y en la nuca
Estas dos zonas se olvidan constantemente por una razón muy simple: son difíciles de alcanzar y no las vemos. La piel detrás de las orejas es fina y muchas veces queda completamente descubierta, mientras que la nuca está especialmente expuesta cuando llevas el pelo recogido o corto.
Lo que no ves, tiendes a creer que no puede quemarse. Por desgracia, no funciona así.
Vale la pena tener presentes estas zonas, sobre todo antes de planes largos al aire libre. Con un protector en espray se soluciona en segundos, y ni siquiera necesitas un espejo.
El escote y el pecho
El escote es una de las zonas más mencionadas y, a la vez, de las que con más frecuencia se pasan por alto. Mucha gente aplica protector en la cara, pero se detiene en la barbilla, cuando la piel del pecho es igual de fina y sensible y, en verano, está expuesta al sol de forma constante.
El daño UV acumulado durante años se manifiesta aquí de forma especialmente visible: manchas de pigmentación, piel marcada por venillas y arrugas prematuras. Si dedicas tiempo al cuidado facial, merece la pena aplicar el mismo cuidado consciente al escote: la crema de la cara suele poder extenderse también hasta ahí, o puedes usar un protector corporal aparte.
El cuero cabelludo
Quizá sea lo más sorprendente, pero el cuero cabelludo cubierto por el pelo también puede quemarse, sobre todo en la raya del peinado, y resulta especialmente molesto, porque después el cabello tira de la piel dañada. Quienes tienen el pelo fino o llevan raya son los más afectados.
La solución para esta zona es un espray protector diseñado específicamente para el pelo y el cuero cabelludo, que no apelmaza el cabello pero sí protege la piel. Como alternativa, un sombrero ligero también cumple su función si no quieres sumar otro producto a tu rutina.
¿Basta con el pintalabios para proteger los labios del sol?
No. El pintalabios y el brillo no ofrecen protección UV por sí solos, salvo que el envase lo indique expresamente. Lo ideal es usar un bálsamo labial de al menos SPF 30 y reaplicarlo tras comer o beber.
¿Por qué se olvidan tanto las orejas y la nuca?
Porque son zonas difíciles de alcanzar y que no vemos, así que damos por hecho que no pueden quemarse. Un protector en espray permite cubrirlas en segundos, sin necesidad de espejo.
¿Es necesario un producto especial para el empeine?
No hace falta. El mismo protector corporal que usas para el resto del cuerpo sirve perfectamente. El formato en espray es especialmente cómodo porque se aplica rápido y sin tener que agacharte.
¿Cómo proteger el cuero cabelludo sin apelmazar el pelo?
Lo mejor es un espray protector pensado para el pelo y el cuero cabelludo, que cuida la piel sin dejar el cabello graso. Si prefieres no añadir productos, un sombrero ligero también protege la raya del peinado.











