Observa también las señales que no llegan en forma de palabras: dificultades para dormir, dolores de tripa, regresiones, un bajón escolar, juegos repetitivos sobre el tema. Suelen ser pasajeros. Si se prolongan semanas, si el niño deja de disfrutar de lo que antes le gustaba o si el duelo de la casa se ha quedado atascado, pedir ayuda a un psicólogo infantil no es dramatizar: es dar un atajo a algo que solo puede ir a mejor.
¿A qué edad puede un niño ir al cementerio?
No hay una edad exacta: depende mucho más de la preparación y del carácter del niño que de los años que tenga. Si le explicas antes qué va a ver, le das un papel concreto durante la visita y le dejas la opción real de quedarse fuera o marcharse cuando quiera, la mayoría lo viven con naturalidad. Lo que conviene evitar es llevarlo por sorpresa o por compromiso familiar, sin aviso ni salida.
¿Qué respondo si me pregunta si yo también me voy a morir?
Dile la verdad en el marco más tranquilizador posible: todas las personas morimos algún día, pero lo normal es que eso ocurra cuando se es muy mayor, y tú estás aquí para cuidarle. Añade quién más se ocuparía de él si hiciera falta, porque esa es la pregunta real que suele esconderse debajo. No prometas que no vas a morir nunca; promete que no le vas a dejar solo, que es algo que sí puedes sostener.











