¿Pero qué dice la ciencia?
Cada vez más expertos coinciden en que lo mejor para nosotros (y nuestro cuerpo) es no tocar la cama durante un rato después de levantarnos. Puede sonar raro, y yo también solía ser de los que, nada más despertar, acomodaban la almohada y estiraban la manta, intentando salir del dormitorio como si no hubiera dormido allí. Luego llegaron nuestro cachorro y nuestra hija, y empecé a dejar la cama sin hacer para no molestar a quien aún disfruta unos minutos de sueño extra por la mañana.
Ahora sé que fue lo mejor que pude hacer.
Mientras dormimos, nuestro cuerpo libera calor, sudor y humedad, aunque no queramos admitirlo. Esa humedad, junto con microorganismos, sales minerales y toxinas, se queda en las sábanas, almohadas, mantas y colchón. Y si haces la cama justo al levantarte, todo queda atrapado ahí. Es como un mini spa para los ácaros, que adoran los lugares cálidos y húmedos…
Un estudio de 2005 realizado por investigadores de la Universidad de Kingston mostró que las camas sin hacer tienen menos ácaros porque la luz solar y el aire secan y "esterilizan" el ambiente, dificultando la proliferación de gérmenes y artrópodos.

¿Qué pasa si esperas para hacer la cama?
La buena noticia es que no tienes que renunciar para siempre a tu amor por el orden, ni llegar a la cama por la noche sin hacerla (aunque después de esto, puede que prefieras hacerlo así). Los expertos recomiendan esperar unos 30 minutos. En ese tiempo, la manta y las sábanas se ventilan, la humedad se evapora y la temperatura baja, reduciendo mucho las posibilidades de que aparezcan ácaros, bacterias y moho.
¿Qué más puede ayudarte?
Abre la ventana cuanto antes para dejar entrar aire fresco y luz solar. Los rayos UV naturales ayudan a eliminar microorganismos, y el aire fresco se lleva la humedad y los olores desagradables. Esto es clave si tienes alergias, sensibilidad respiratoria o simplemente quieres un dormitorio más sano y fresco.
No retrases demasiado el lavado de la ropa de cama: los expertos aconsejan cambiar las fundas semanalmente, o al menos cada dos semanas. En verano o si sudas mucho por la noche, hazlo con más frecuencia.
¿Y qué pasa con las almohadas y mantas que no lavas semanal ni mensualmente? También merecen un refresco. Mi abuela solía sacarlas al sol o al alféizar de la ventana. ¡Qué sabia costumbre! La luz solar no solo elimina olores y blanquea, sino que también ayuda a matar bacterias (especialmente si tu manta no es hipoalergénica, que también es una buena opción para mantener la limpieza). Si no puedes ventilar al aire libre, un ciclo rápido en la secadora puede hacer maravillas. Esta rutina ayuda a desinfectar y a devolver a las almohadas su textura original.
Así que la próxima vez que te preguntes si hacer la cama al instante, recuerda: retrasar un poco ese momento es un gran gesto para tu salud y para un sueño más reparador.











