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La amabilidad no cuesta nada. Así aprendí que las palabras tienen peso

Nyul Debóra4 min de lectura
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La amabilidad no cuesta nada. Así aprendí que las palabras tienen peso — Estilo de vida
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¿Alguna vez pensaste que si quieres hacer el bien, no puedes hacer daño? Que expresar tu opinión, aunque sea un poco directa, ayuda a la otra persona? A veces es así, pero la vida —y sobre todo el mundo online— nos recuerda una y otra vez: la buena intención no es suficiente. Nuestras palabras, aunque parezcan inocentes, llevan peso, y a veces duelen más las frases que creemos “sinceras”.

La lección de un grupo de recetas

Participo en varios grupos de cocina y recetas en una red social. Estos grupos suelen estar llenos de personas entusiastas y creativas que ponen todo su corazón en un plato y luego comparten felices el resultado. A menudo, estas publicaciones no solo son recetas, sino pequeñas historias: alegrías, intentos, logros.

Pero muchas veces veo que los comentarios se vuelven rápidamente un tribunal. Alguien sube una foto de su baguette recién horneada, que por la luz parece un poco pálida, y ya llegan los comentarios:

“Está cruda.”
“Eso ni siquiera es una baguette de verdad.”

Y la persona que publicó tal vez pasó toda la mañana haciéndola y solo estaba feliz de que le saliera bien.

¿Es un problema hacerlo diferente?

Los comentarios también duelen cuando alguien prueba algo nuevo, cambia algunos ingredientes y recibe críticas. Por ejemplo, un plato tradicional —como el repollo gratinado— preparado con ingredientes alternativos y ya llegan las críticas: “Esto ya no es lo auténtico.”

Otras veces alguien recibe comentarios porque “le falta pimentón” o porque la presentación no es lo suficientemente bonita.

Estas críticas parecen inocentes al principio, pero si lo pensamos bien, todas apuntan a lo mismo: muchos no saben simplemente alegrarse por la alegría del otro. Como si siempre tuviéramos que corregir, añadir o “saber más”.

¿El espacio online es una oportunidad o un jurado crítico?

Internet nos da la oportunidad de pertenecer a una comunidad, inspirarnos y aprender. Pero cada vez más se vuelve una competencia. Muchas personas temen mostrar sus creaciones por miedo a lo que otros dirán.

Pero estos grupos, páginas y foros nacieron para conectar, no para separar. Si nos detenemos en cada detalle y corregimos a todos, al final solo quedarán los más valientes —y ellos también se protegerán, se cerrarán.

Basta una sola frase hiriente para que alguien deje de publicar, de intentar o de sentirse orgulloso de lo que creó.

La crítica también puede ser un regalo — si la presentamos bien

No nos equivoquemos, el problema no es la crítica. Para crecer y aprender necesitamos feedback. Pero importa mucho cómo lo damos.

Decir “está crudo” es hiriente y puede cerrar la conversación. Pero si decimos: “Parece que podrías haberlo horneado un poco más, pero se ve delicioso, seguro que está rico” — ya estamos construyendo.

La misma idea, solo que con otro tono. La crítica constructiva no busca el error, sino la oportunidad de mejorar. Y lo más importante: habla desde el dar, no desde el quitar.

La responsabilidad de las palabras

En el espacio digital es fácil olvidar que al otro lado de la pantalla hay una persona con sentimientos, confianza y vulnerabilidad. Una frase puede ser el mejor momento del día para alguien, o la gota que hace que no quiera intentarlo más.

Por eso, antes de escribir algo, vale la pena detenerse un momento y preguntarse: ¿quiero construir a la otra persona o solo buscar pelea?

La amabilidad no cuesta nada

Internet está lleno de opiniones, pero muchas expresiones carecen de empatía. A veces, un pequeño elogio, una palabra amable o un emoji sonriente son suficientes para que alguien se sienta más seguro y aceptado.

Nuestras palabras tienen un poder enorme, y sería un desperdicio no usarlo bien. Una palabra mala puede destruir, pero una buena puede construir. Depende de nosotros elegir cuál usar.

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