Hay una queja que se repite una y otra vez: el chico bueno, atento y sin tacha acaba en la friendzone mientras otro —supuestamente peor— se lleva el premio. Pero ¿es eso tan injusto como parece? O quizás estamos mirando la situación desde el ángulo equivocado.
Cuando la amabilidad se vuelve repelente
Era tan buen chico que decidí darle una oportunidad. No quería dejar escapar a alguien así. Me decía a mí misma que el cariño llegaría con el tiempo, que terminaría sintiéndome atraída por él.
No fue así. Cuanto más dulce y atento se mostraba, más me alejaba. Lo dejé a las dos semanas, justo cuando intentó tocarme la cara y yo me aparté con un gesto de incomodidad que no pude disimular. Pobre chico. No era culpa suya. Pero tampoco era la mía.
El gran premio que nadie pidió
Hace poco, unos compañeros de trabajo estaban quejándose en el almuerzo de lo injusto que es esforzarse por una chica y que ella solo quiera ser tu amiga. Son buenas personas, de verdad. Y precisamente por eso me resultó más triste escucharlos: incluso los hombres con buenas intenciones se «indignan» cuando una mujer no los elige.
Cuando ya no pude aguantar más, les dije algo que los dejó en silencio: «Para vosotros, conocer a alguien es una competición en la que el premio no es el amor de esa mujer, sino su cuerpo. Y su amistad no la veis como algo valioso, sino como un premio de consolación que no queréis.» Nadie protestó.
Rechazar no es ser cruel
Cuando rechazo a un chico bueno y le ofrezco mi amistad en lugar de una relación, no lo hago por maldad. Soy una buena amiga: leal, presente y de confianza. Si él lo vive como un fracaso y prefiere no aceptarlo, está en su derecho. Cada uno gestiona sus emociones como puede.
Pero si decide quedarse cerca esperando que yo cambie de opinión algún día... eso ya es problema suyo, no mío.
¿Te preguntas por qué a veces la atracción simplemente no aparece? La química entre dos personas es mucho más compleja de lo que parece. Esto es lo que le enseñé a mis amigos hombres sobre cómo funcionamos las mujeres.
¿De quién es la culpa?
Un excompañero aprovechaba cualquier ocasión para dejarme claro que le gustaba. Era atractivo, gracioso, con una buena situación económica. Pero le faltaba algo. Ese algo que me habría hecho querer acercarme a él, tocarlo, besarlo.
Una relación necesita atracción sexual. Sin ella, por mucha simpatía que haya, solo existe la amistad. Es como preparar una sopa con ingredientes de primera calidad y olvidarse de echarle sal: el resultado es correcto, pero le falta vida.
El chico bueno que cosecha lo que no sembró
Estoy harta de escuchar a hombres quejarse de haber caído en la friendzone. El argumento suele ser el mismo: ellos le dan atención, están disponibles para cualquier cosa —desde arreglar un grifo hasta ayudar con una mudanza— mientras algún «inútil» se lleva todo el mérito.
Mi respuesta siempre ha sido la misma: la buena voluntad, por mucho que duela, no genera atracción. Nadie puede controlar hacia quién siente algo y hacia quién no. ¿Qué esperan exactamente? ¿Que una mujer se acueste con ellos aunque no los desee?
La verdad incómoda sobre la amistad mixta
Tengo muchos amigos, pero hay tres con los que tengo una amistad cercana de verdad. Los conozco desde hace años y nunca ha pasado nada entre nosotros. Son buenas personas, no el típico «chico malo», y por eso acabaron en mi círculo de amigos.
Aun así, soy consciente de que sienten algo más. Nunca lo han intentado, pero sé que bastaría un gesto mío para que todo cambiara. No es bonito decirlo en voz alta, pero es la realidad.
Y en el fondo, creo que ellos también lo saben. Dos de los tres tienen pareja; al tercero le fui a su boda el año pasado. Somos amigos, pero esa tensión silenciosa existe, y siempre existirá. Digan lo que digan: entre un hombre y una mujer, la amistad siempre tiene matices.











