Las mascotas son parte de la familia y sus dueños realmente los tratan como a sus hijos, pero los amantes de los gatos parecen estar aún más encantados con sus compañeros felinos. ¿Por qué será?
Para empezar, a diferencia de otros animales domésticos, el gato ha conservado mucho de la genética de sus ancestros. Aunque conviven con nosotros desde hace 12,000 años, mantienen muchas características y habilidades similares a las de los gatos salvajes, como la capacidad de buscar alimento y refugio por sí mismos. Por eso resulta curioso que tratemos a estos seres independientes como si fueran bebés. ¿Qué nos impulsa a hacerlo?

La teoría del esquema infantil
Una razón es que los gatos tienen rasgos neoténicos. Esto significa que conservan características propias de sus crías incluso en la adultez. Se nota en su aspecto: cabeza grande y redondeada, ojos enormes en proporción, nariz y boca pequeñas. Esto despierta en nosotros un instinto natural para tratarlos con ternura y protección, igual que a los niños pequeños, y lo mismo sucede cuando vemos a animales bebés.
Que el gato conserve rasgos adorables de cachorro en su adultez nos hace derretirnos de ternura de forma instintiva.
Otro rasgo neoténico es el maullido. Los gatitos maúllan para llamar la atención y protección de su madre. De adultos, los gatos no se comunican así entre ellos, solo maúllan para comunicarse con los humanos. Los gatos salvajes no maúllan, por lo que este comportamiento es exclusivo de los gatos domésticos. En otras palabras, el gato nos ve como a su madre y usa el maullido para buscar cuidado y atención.
Los investigadores descubrieron que el maullido se parece al llanto de un bebé, y con el tiempo los gatos han ajustado su tono para conectar mejor con los humanos.
Los estudios muestran que los gatos son sensibles al habla humana, especialmente cuando les hablamos con ese tono cariñoso y dulce que usamos con los niños. Entienden nuestras señales y responden cuando les hablamos así. Pero esto ya lo sabe cualquier dueño de gato.
Una atracción instintiva
Al igual que el maullido, amasar es un gesto dirigido solo a nosotros. Cuando son gatitos, amasan el cuerpo de su madre para estimular la producción de leche y fortalecer el vínculo entre ellos. De adultos, cuando un gato amasa, está imitando esa conexión y busca un vínculo similar con su humano.
Por razones evolutivas, los humanos sentimos una atracción natural hacia los rasgos infantiles y sonidos de los gatos.
Ver a los gatos como adorables despierta en nosotros el deseo de cuidarlos, y ese cuidado fortalece el vínculo entre humanos y gatos, similar al lazo entre padres e hijos. Antes se estudiaba este vínculo en perros y sus dueños, pero ahora sabemos que los gatos también forman lazos profundos y ven a sus humanos como su seguridad, incluso si no siempre lo muestran.
Esta atracción es mutua. Nosotros tendemos a atribuirles características humanas a nuestros gatos. Así como los padres ven a sus hijos como siempre pequeños, los dueños de gatos ven en sus felinos adultos al cachorro que fueron y los siguen tratando con ese cariño especial.
Se dice que los gatos domesticaron al ser humano y no al revés, y hay algo de verdad en ello. Su naturaleza independiente busca nuestra compañía y logra que seamos sus fans incondicionales. Y la evolución parece apoyar esta conexión desde todos los ángulos.











