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La maternidad no es el único camino, pero para mí fue el inicio del verdadero autoconocimiento

Szabó Erzsébet4 min de lectura
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La maternidad no es el único camino, pero para mí fue el inicio del verdadero autoconocimiento — Estilo de vida
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Mi pareja trabajaba en el extranjero, yo tenía dos empleos a la vez, mientras renovábamos una casa antigua con planes a largo plazo. Aunque por la diferencia de edad sentíamos que no podíamos retrasar más formar una familia, las circunstancias —viendo atrás— no eran nada ideales. Sin embargo, viví el embarazo casi como un estado de gracia, y salvo los primeros meses, llegó a nuestra vida un tiempo sorprendentemente pacífico y lleno de amor.

Desempaquetando las cargas invisibles

El parto —y aún más los primeros años que siguieron— no solo trajeron un nuevo comienzo. Sacaron a la superficie cosas profundas, incluso de mi infancia. Surgieron patrones, reacciones y sentimientos de los que antes no tenía ni idea.

Como si el crecimiento de mi hija también me hubiera dado la llave a mi pasado: cada vez que ella entraba en una nueva etapa, mis propios bloqueos de entonces resurgían.

Sentía cada vez más una tensión interna, como si no estuviera del todo presente, como si alguien más —mi yo adulto que fue niña— intentara controlar cómo ser madre, mujer o simplemente yo misma. Estas sensaciones no llegaron de golpe, se colaron sigilosamente en mi día a día: una pequeña impaciencia, una ansiedad inexplicable, un pensamiento recurrente que no sabía dónde encajar.

Y de repente entendí: no se trataba de la maternidad, sino de mí. De esa parte que durante tanto tiempo no había mirado de cerca.

Los libros, los artículos, las frases inspiradoras ya no eran suficientes. Empecé terapia para enfrentar de verdad lo que había estado evitando.

Source: unsplash.com

El espejo más nítido

Para mí sigue siendo impactante darme cuenta de que mi hija no solo refleja mi yo actual —mis expresiones, reacciones y hábitos— sino también esas capas que ni yo misma comprendo.

A menudo la miro y despiertan en mí sentimientos tan familiares que parece que no veo a mi hija, sino mi rostro infantil, mis viejos dolores, mis inseguridades o ese esfuerzo desesperado por ser suficiente.

Ella me muestra dónde sigo herida, dónde soy impaciente, dónde reacciono de más y dónde actúo como cuando era niña. A veces da miedo, otras veces conmueve, pero siempre me despierta. La maternidad para mí no es solo un rol o una forma de conexión, es un espejo infinitamente claro. Y ese espejo —si lo permito— también puede sanar.

Siento que mi hija no solo aprende de mí, sino que también me enseña muchísimo. Me señala quién soy ahora y quién fui cuando aún no sabía quién era. Y lo más conmovedor es que ella no exige cambios, simplemente está presente y me inspira a estar cada vez más presente yo también.

Maternidad y autoconocimiento
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Este es mi camino, pero no el único

Creo que no hace falta ser madre para alcanzar un verdadero autoconocimiento. Se puede conectar profundamente con uno mismo en otras situaciones: una enfermedad, una ruptura, una mudanza o un cambio de carrera pueden iniciar ese camino. Pero para mí, la maternidad fue el punto donde ya no podía posponer el trabajo interior. Donde no solo era responsable de mí, sino también de ella y de mantener unida a la familia.

La maternidad fue una puerta, no una llegada; no vino con la sensación de "he cumplido algo y ahora puedo relajarme para siempre". Fue la entrada a un espacio donde pude encontrar mi verdadero yo. Un lugar donde las excusas no funcionan y no se puede esconder uno detrás de las sombras del pasado.

Antes no sentía tanta urgencia por trabajar en mí misma. Pero al ser madre, ya no solo quería "estar bien", sino también evitar transmitir lo que nuestra familia carga de forma transgeneracional. Y sobre todo porque sentía que ella no solo necesitaba una madre, sino un adulto valiente que viva una vida plena por dentro y por fuera.

Quise romper esa cadena que durante tanto tiempo creí invisible, y estoy muy agradecida a mi hija por hacerme consciente de ello. Porque este camino —por duro y doloroso que sea a veces— se ha convertido en mi senda de sanación. Ella abrió las puertas que antes estaban cerradas con siete llaves.

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