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Levanto la balanza en el supermercado para pagar menos verdura: los trucos de ahorro que nunca confesarías

Szőke Angéla6 min de lectura
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Levanto la balanza en el supermercado para pagar menos verdura: los trucos de ahorro que nunca confesarías — Ocio
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Con la economía como está, uno ahorra donde puede. Pero hay trucos que van más allá de apagar luces o comparar precios: pequeñas artimañas cotidianas que funcionan de maravilla… aunque nunca las confesarías en una cena. Aquí van algunas de las más creativas, divertidas y, sí, un poco vergonzosas.

El método del sol

Desde que trabajo desde casa, me acuesto cuando se pone el sol y me levanto cuando sale. Casi he reducido a la mitad mi factura de electricidad. Suena radical, pero el cuerpo se adapta sorprendentemente rápido.

Llevo años viajando en Navidad a destinos como Vietnam, Tailandia o Camboya. Son baratos, hace buen tiempo en esa época… y lo mejor de todo: me libro de los regalos, los turrones y las cenas interminables. Una escapada que sale más barata que quedarse en casa.

El gato más listo del barrio

Le enseñé a mi gato a usar el inodoro en lugar de su arenero. (Los gatos son animales sorprendentemente inteligentes, de verdad.) Desde entonces, cero gasto en arena. La inversión de tiempo en adiestrarlo: totalmente rentable.

El ayuno que ahorra

Un día a la semana no como. No solo es económico, sino que tiene beneficios para la salud demostrados. Ahorro en comida y cuido el cuerpo al mismo tiempo. Difícil encontrar un truco más eficiente.

El botiquín de la oficina

Cuando me duele la cabeza, no compro analgésicos. En cambio, le comento a alguien en el trabajo que no me encuentro bien y guardo el medicamento que me ofrecen para cuando realmente lo necesite. La oficina tiene botiquín, yo tengo cabeza.

Pareja con los mismos valores

Mi consejo más honesto: elige una pareja igual de austera que tú. A mí me funcionó. Dos personas con la misma mentalidad financiera pueden ahorrar el doble sin que haya tensiones.

Las flores del cementerio

Vivo cerca de un cementerio. Cuando tengo que ir a una visita o felicitar a una compañera, cojo unas flores de alguna tumba. Quien está bajo tierra ya no las necesita, y a quien se las doy le alegra el día. Polémico, sí. Efectivo, también.

El ladrillo del váter

Meto un ladrillo dentro de la cisterna del baño para que quepa menos agua. Descarga igual de bien, pero el contador de agua lo nota. Un truco clásico que sigue funcionando.

Los vecinos, el mejor recurso

Cada vez que me mudo a un sitio nuevo, me hago amiga de mis vecinos lo antes posible. Así, si necesito algo puntualmente, simplemente lo pido prestado. Un taladro, una escalera, un huevo… la comunidad es el mejor almacén.

El aprovechado de la oficina

Uso el baño del trabajo para todo lo que requiera más tiempo, así me pagan por ello. Y cada día me llevo a casa justo el papel higiénico que necesito para no tener que comprarlo. Eficiencia pura.

El reciclaje total del agua

Me ducho dentro de un barreño grande. Con esa misma agua lavo la ropa a mano y después la uso para tirar de la cadena. Suena extremo, pero mi factura del agua es una fracción de lo que era antes. Vergonzoso o no, los números no mienten.

Cenas gratis con Tinder

Llevo años sin gastar en comida cocinada. Quedo cada día con alguien de Tinder y consigo que me inviten a cenar. Mi frase de apertura es: "Me muero de hambre, ¿tú no...?" A ellos les encanta que una mujer tenga apetito. A mí me encanta cenar gratis.

Spa casero de lujo

No piso un gimnasio: hago ejercicio en casa con vídeos de YouTube. Tampoco voy a la peluquería, la esteticista ni la manicura. Tinte en oferta, mascarilla facial de plátano maduro con miel y yogur, y manicura francesa natural hecha por mí misma. Me ahorro cientos de euros al mes y, con toda honestidad, no me veo peor que nadie.

Días sin gastar

Me prohíbo gastar dinero dos días a la semana. Qué días son varía, pero son inamovibles. A veces salgo de casa sin tarjeta ni efectivo a propósito. El móvil tampoco me sirve para pagar: es una decisión consciente. Si no puedes pagar, no puedes gastar.

La regla de las 48 horas

Si algo me gusta, espero obligatoriamente 48 horas antes de comprarlo. En la mayoría de los casos, al día siguiente ya ni me acuerdo de lo que era. Funciona tanto para escaparates como para tiendas online. Es el truco más sencillo y uno de los más efectivos para frenar las compras impulsivas.

Solo ropa de segunda mano

No compro ropa nueva. Si en una tienda me gusta una blusa o un pantalón, no lo compro: me voy a mis tiendas de segunda mano favoritas y busco algo similar. Cuatro de cada cinco veces lo encuentro, a una fracción del precio. Y muchas veces la prenda ni siquiera ha sido usada: la etiqueta original sigue puesta.

El parche mágico para los vaqueros

Mis vaqueros siempre se gastan por la parte interior del muslo. En vez de tirarlos, les pongo un parche termoadhesivo de tela vaquera que cuesta muy poco y les da al menos otro año de vida. Reparar en lugar de reemplazar: así de simple.

Snacks de contrabando en el cine

El año pasado me escandalizaron tanto los precios de las palomitas que desde entonces llevo mis propios snacks al cine. Una botellita de refresco en el bolso, unas gominolas en el bolsillo… y listo. No me gasto una fortuna en hora y media de película.

Comer antes de salir

Antes de quedar con amigas, como algo en casa y meto en el bolso unas galletas y una botella de agua. Así no llego con hambre y no tengo que pedir comida cara. Y si después de un par de copas me entra sed, no tengo que pagar el agua mineral a precio de oro.

Caminar es el nuevo abono de transporte

Vivo cerca del centro, así que no compro abono mensual: solo un bono de diez viajes para emergencias y voy andando a todas partes. Tardo un poco más, pero de paso hago ejercicio. En el trabajo me cambio a los tacones al llegar. En tres meses perdí cuatro kilos sin hacer dieta. El ahorro en transporte fue solo el principio.

La balanza del supermercado

Le arranco el tallo a las verduras antes de pesarlas, levanto ligeramente un lado de la balanza mientras marco el precio y elijo siempre la caja de autoservicio, donde siempre consigo recortar algo del total. ¿Lo más vergonzoso de esta lista? Quizás. ¿El más efectivo? También quizás.

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